El ex primer ministro italiano, el conservador Silvio Berlusconi surge como el principal beneficiario de la crisis política que le permitió perfilarse como ganador de eventuales elecciones anticipadas y, sobre todo, reunificar a sus huestes y recuperar un liderazgo incontestable.
«Si Berlusconi no quiere un acuerdo para reformar la ley electoral, no se reformará», sentencia el editorialista del diario diario económico Il Sole 24 Ore, Franco Debenedetti, reconociendo el enorme poder político de que goza el hombre más rico de Italia y posible futuro presidente del consejo italiano.
Berlusconi acaricia le idea de regresar por tercera vez al poder ya que las negociaciones que lleva adelante el presidente del Senado, Franco Marini, con el fin de evitar el recurso a las elecciones inmediatas, resultan cada día más difíciles.
Según un sondeo publicado hoy por la revista L»Espresso, la coalición de derecha superaría a la izquierda por 16 puntos con 58% de los votos contra el 42% en caso de elecciones inmediatas.
Pese a las críticas y controversias que suscitó su segundo mandato (2001-2006) y a las divisiones internas dentro de su propia coalición, que casi se desintegra hace sólo dos meses, Berlusconi sigue siendo el «líder máximo» de la derecha italiana.
Los tres dirigentes de la derecha, Gianfranco Fini de la derecha Alianza Nacional, Pier Ferdinando Casini de UDC (católicos de centro) y Umberto Bossi de la populista y xenófoba Liga Norte, habían pedido el año pasado al «Cavaliere», como suele ser llamado, que cambiara de estrategia política, poniendo en tela de juicio su supremacia.
Sin temor a perder el apoyo de sus aliados, Berlusconi creó solo a finales del 2007 el nuevo Partido de las Libertades, el cual enterró rápidamente durante la actual crisis para resuscitar la coalición de centro-derecha «La Casa de las Libertades», que en 1994 lo condujo al poder.
«Primero la guerra, luego el amor. Es un matrimonio de conveniencia», ironizaba el politógolo Roberto D»Alimonte.
Ante la posibilidad concreta de elecciones anticipadas tras la caída el 24 de enero pasado del gobierno de centroizquierda de Romano Prodi, Berlusconi y Casini sellaron la reconciliación con un comunicado conjunto seguido de un programa de gobierno.
Casini, de 52 años, presidente de la Internacional Democratacristiana, que tras la ruptura con Berlusconi se proponía como el gran líder moderado de centro, se vio obligado a aplazar sus planes y regresar a formar parte de las huestes de Berlusconi.
«El regreso del hijo pródigo», lo definió el diario La Repubblica.
El posible tercer gobierno de Berlusconi, de 71 años, genera ya debate en toda Europa.
Para la revista inglesa The Economist, el magnate de las comunicaciones «no es apto» para gobernar un país como Italia, lleno de problemas políticos, sociales y económicos, que necesita estabilidad y reformas urgentes, según el semanario.
Algunos observadores estiman que el llamado «Berlusconi III» durará poco, porque el verdadero objetivo del líder conservador es la presidencia de la República, un cargo representativo, por encima de las partes.
«Regresar al Palacio Chigi (sede del gobierno) representa un esfuerzo para mí. Si acepto es por el bien del país. Sueño seguir el ejemplo de Tony Blair (ex primer ministro británico), permanecer pocos años, modernizar Italia, y dejarle el poder al Gordon Brown italiano», confesó recientemente Berlusconi.