Silencio, garantí­a de la ignorancia


«Por ello, patria, van a nacerte madrugadas, cuando el hombre revise luminosamente su pasado».

Otto René Castillo

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

La pelea por un bolí­grafo entre dos compañeros de clase motivó a mi maestra de sexto primaria, en 1997, a enseñarnos el contenido de los Acuerdos de Paz, en aquél entonces, recién firmados por representantes del Gobierno y de la guerrilla. «La paz», aseguró la profesora, «es una tarea de todos».

En secundaria y diversificado, bajo la filosofí­a de un colegio anticomunista, reaccionario y de ultraderecha, en donde se nos recalcaba en cada acto cí­vico de los lunes que Carlos Castillo Armas, con la bendición de Monseñor Mariano Rosell y Arellano, nos habí­a salvado de convertirnos en «la primera Cuba de América», los Acuerdos de Paz no fueron mencionados.

Uno de los hechos relevantes del pasado 29 de diciembre, y que se resaltó en la mayorí­a de los medios de comunicación, fue la poca afluencia de la población al acto conmemorativo por el onceavo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Ni siquiera el presidente í“scar Berger, ni su sucesor, ílvaro Colom, estuvieron presentes en el cambio de la «Rosa de la paz».

Algunas personas se congregaron frente al Palacio Nacional, en la Plaza de la Constitución, más con la expectativa de presenciar la actuación del grupo musical Malacates Trébol Shop y del «nuevo í­dolo», Carlos Peña, que por escuchar las palabras de las autoridades del Estado sobre el avance de los compromisos adquiridos luego de la firma de la paz.

No es de extrañarse. Para los grupos tradicionales de poder el contenido de los Acuerdos de Paz debe ser ignorado porque al mismo tiempo se garantiza el silencio sobre las causas del conflicto armado interno que azotó al paí­s durante 36 años.

No puede ser grato para los intereses de este sector de la población que se mencione, por ejemplo, que luego del golpe contra el presidente democráticamente electo, Jacobo írbenz Guzmán en 1954, la corriente económica liberal fue impuesta bajo el mando militar, que dejó a su paso, miles de personas torturadas, desaparecidas y asesinadas.

Para los mismos de siempre, es importante que nadie mencione que la mayor parte de la tierra productiva de nuestro paí­s se encuentra en pocas manos, que los pueblos indí­genas concentran los más altos í­ndices de pobreza y pobreza extrema, que el poder civil debe estar por encima del poder militar y que es necesaria una reforma fiscal para dotar de más recursos al Estado para cumplir con sus obligaciones constitucionales. Esta situación, reportada a mediados del siglo pasado es una realidad vigente en Guatemala.

El silencio y la ignorancia son herramientas utilizadas en nuestros dí­as para convertir hechos trascendentes de nuestro paí­s en meros programas chuscos, mientras que eventos en donde se decidió la ganancia para pocos en detrimento del bienestar de la mayorí­a, como el 15 de septiembre y el 30 de junio, son festejados y sobredimensionados con grandes pompas.