Siguen induciendo a la eterna lucha de clases


Ahora que el actual Gobierno ensaya algunos tí­midos y timoratos planes de beneficio social, la oligarquí­a criolla se siente amenazada y principia a rasgarse las vestiduras para justificar el mantenimiento del statu quo.

Fernando Mollinedo

Los últimos acontecimientos suscitados en el paí­s, especí­ficamente durante esta semana que termina, han venido a demostrar una vez más que la sociedad guatemalteca no aprendió la lección social que dejó el largo tiempo de guerra interna y que se mantiene la actitud y conducta intolerante hacia las diferentes «clases sociales» que existen en el paí­s.

Desde la conducta discriminatoria hacia el sector indí­gena por parte de los ladinos, mestizos, europeos y toda clase de extranjeros radicados en Guatemala, hasta la discriminación interna entre indí­genas, entre el bloque de ladinos, de mestizos, garí­funas, campesinos, empresarios y agricultores; lo cual indica que seguimos en la misma actitud de hace 485 años atrás.

La mayorí­a del pueblo guatemalteco perteneció y pertenece al sector económico más desposeí­do y explotado por las camarillas de comerciantes y polí­ticos, que en forma inveterada se ha aprovechado de la ignorancia de dicho grupo para enriquecerse de manera ilí­cita e injusta.

La Historia de Guatemala nos deja ver que ahora, hoy, en este presente que vivimos, es necesario principiar a concientizarnos respecto del valor de todas las personas como seres humanos, es decir, que blancos, negros, amarillos, indí­genas, mestizos, zambos, ladinos y campesinos tienen un valor social igual.

En los tres últimos dí­as hemos visto cómo se ha puesto en juego, otra vez, la discriminación de los estratos económicos en pugna por obtener resultados polí­ticos acordes a sus intereses; las escenas de enfrentamiento entre el grupo que pide la renuncia del Presidente de la República y el grupo que lo «defiende» dejan ver con claridad meridiana, que el odio, rencor, antipatí­a, encono, aversión, resentimiento y animosidad entre dichos grupos, deriva de forma irremediable a un enfrentamiento social.

La irresponsabilidad de los lí­deres de ambos grupos, al incitar a sus huestes a un enfrentamiento directo, teniendo como fundamento de su actitud, la defensa de sus propios valores y objetivos, dejan entrever a todas luces la manipulación inescrupulosa hacia las masas, no importando el estrato económico al que pertenecen.

La lucha de clases persiste en Guatemala; el sector poderoso del dinero no cambia de actitud hacia la clase trabajadora, es decir, mantiene la explotación del hombre por el hombre; se beneficia de la mano de obra barata y no comparte ganancias con quienes hacen posible su acceso a la riqueza.