Las huelgas en el Reino Unido para protestar por la contratación de trabajadores extranjeros en vez de británicos continuaron hoy, pese a advertencias del gobierno acerca de que los paros rozan la «política de xenofobia».

Las huelgas empezaron la semana pasada en una decena de plantas de energía para protestar contra la contratación de unos 300 trabajadores italianos y portugueses en un proyecto de construcción en la refinería de Lindsey, este de Inglaterra, que es administrada por el gigante del petróleo francés Total.
Cientos de huelguistas en esa refinería se comprometieron el lunes a seguir con su movimiento en protesta contra la decisión de Total de contratar una «entera fuerza de trabajo en el extranjero», en vez de emplear a trabajadores británicos.
En otras plantas industriales del país, centenares de trabajadores se han declarado en huelga, en solidaridad con los trabajadores de Lindsey y en protesta por la contratación de extranjeros.
El ministro británico de Empresas, Lord Mandelson, estimó el martes que no cree que Total haya violado la legislación británica, y aseguró que el gobierno «está determinado a hacer respetar los derechos de los trabajadores».
«Debemos mantenernos firmemente centrados no en la política de xenofobia sino en la economía de la recesión», advirtió.
El primer ministro británico Gordon Brown condenó enérgicamente el lunes las huelgas, pese a que tras asumir el poder, en 2007, se comprometió a garantizar «empleos británicos para trabajadores británicos». Esas acciones «son indefendibles», afirmó Brown.
El ministro italiano de Relaciones Exteriores, Franco Frattini, utilizó el lunes ese mismo término, calificando de «indefendibles» las huelgas en el Reino Unido contra la contratación de trabajadores extranjeros, en particular italianos.
Frattini recordó que la legislación de la Unión Europea consagra la libertad de movimiento de trabajadores entre los Estados miembros y aplaudió la «sabiduría» de Brown al condenar esas huelgas.
Para la diputada Margherita Boniver la huelga contra los trabajadores italianos, altamente especializados, «es un signo trágico del retroceso que se vive por la crisis económica».