Tal parece que los argumentos para contradecir los señalamientos de incapacidad e ineficiencia para devolverle al país la tan ansiada seguridad ciudadana, al señor Presidente y a sus colaboradores se les ha ido agotando, por lo que han tenido que recurrir al enojo, a la manifestación del disgusto y hasta la agresión, actitudes tan inadecuadas como inoperantes. Otra cosa, ponerse a calificar de terroristas a quienes están realizando un continuo ataque a los autobuses urbanos, a sus choferes, ayudantes y usuarios sin tener «los pelos en la mano», es caer en el desvarío, en vez de utilizar la inteligencia hasta llegar a comprobar «que la mula es parda» y entonces emprender una feroz persecución hasta ponerlos detrás de las rejas.
A lo anterior se suma otro desvarío, ponerse a reducir fondos presupuestados para combatir el crimen y la delincuencia y usarlo en otros fines, cuando a todos consta que la Policía Nacional Civil tiene acantonados infinidad de vehículos en talleres mecánicos por falta de dichos fondos. Entonces ¿quién les entiende?, ¿cómo es posible vivir con funcionarios que hoy dicen una cosa y mañana lo contrario? Por ello, es que repito e insisto en que lo peor del gobierno de Colom ha sido el incorrecto manejo de los fondos públicos, que debiera empezar por la elemental lógica, de priorizar las necesidades. No hay modo de hacerlo de otra manera, pues todos hemos visto que de enero a julio del presente año van asesinados alrededor de dos mil quinientos seres humanos. ¿O habrá otra lógica o conveniencia para utilizar adecuadamente el dinero del pueblo, si no es para preservar la vida de sus ciudadanos? Entiendo que los tatascanes de este país tengan que ser cuidados convenientemente para evitar que cualquier marero o chiflado los mande al otro mundo pero, ¿será indispensable usar tan grande aparato estatal que hoy emplean?, ¿es que tanto vidrio polarizado y blindado les impide ver las penas que está pasando el pueblo para resguardarse de una delincuencia jamás vista y sospechada? Está bien que hayan «brincado del petate al Cadillac» de la noche a la mañana, pero ello no debiera representar que la población haya llegado a tal nivel de psicosis colectiva, que no pueda ir tranquilamente ni a la vuelta de la esquina sin el temor de ser asaltada, violada o asesinada. También comprendo que hace dos años y medio pudieran ser inexpertos en el manejo de la cosa pública pero ¿era necesario tomar tanto tiempo para adquirir la experiencia necesaria y así controlar lo más valioso e importante como es garantizar a los habitantes su vida, libertad, justicia, seguridad, paz y el desarrollo integral de la persona humana? Acepto que haya sido difícil cumplir tan importante mandato. Lo que no acepto, es que sigan en sus puestos como si nada estuviera pasando.