Imágenes de televisión filmadas por las tropas gubernamentales mostraban columnas de niños, mujeres, hombres y ancianos cargando su equipaje y con la mirada perdida cuando abandonaban caminando, nadando o en barco la última zona en manos de la guerrilla de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) para refugiarse en territorio del gobierno.
«El número de civiles que han escapado del perímetro de los Tigres desde el lunes es de 81.420 personas», es decir 200.000 más que la cifra anunciada en la mañana, indicó el portavoz del ministerio esrilanqués de Defensa, Keheliya Rambukwella.
«Nuestra prioridad es sacar a los civiles», aseguró.
«El LTTE ha perdido toda su capacidad militar. Están librando una batalla perdida», dijo Rambukwella, antes de asegurar que el gobierno «está casi seguro» de que el líder tamil Valupilai Prabhakaran, de 54 años, que tenía plazo hasta el martes para rendirse, sigue en la zona.
El éxodo masivo empezó el fin de semana, tras la ofensiva lanzada por el ejército para «rescatar» a los miles de civiles tamiles que viven en la zona de unos 15km2 que sigue controlada por el LTTE.
Si estas estadísticas de refugiados son exactas, esto significaría que no queda ningún civil tamil en la zona de guerra.
Durante varias semanas, las autoridades de Colombo los cifraban en 70.000, pero según la ONU unos 20.000 servirían todavía de «escudos humanos» a los rebeldes.
Quienes lograron escapar relataron por primera vez su calvario a la televisión estatal, controlada por el gobierno.
«Ellos (los Tigres) nos disparaban para impedir que nos fuéramos», explicó un hombre rodeado por soldados. Otro se declaró «feliz de estar aquí», en territorio del gobierno. «Los Tigres nos disparaban y no nos dejaban irnos», agregó un adolescente de un centro de retención del norte.
Ninguna información de esta región aislada del resto del mundo ha podido ser verificada con otra fuente.
La Cruz Roja, única organización internacional que tiene acceso a la zona, calificó el martes la situación humanitaria de «catastrófica» y dijo que teme un «dramático aumento» de la cantidad de civiles muertos.
La ONU y ONGs advirtieron sobre un «baño de sangre» si los militares asestan un último golpe a esa zona.
El ejército viene arrinconando a los rebeldes en un sector de 12 a 14 km2. Los Tigres acusaron a los militares de haber matado a más de 1.000 civiles en los bombardeos del lunes.
En Estados Unidos, que suministra fondos a Sri Lanka, el departamento de Estado exhortó al ejército a poner fin a los «disparos a ciegas» e intimó al LTTE, al que considera organización «terrorista», a que deje salir a los civiles.
El ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, dijo que Francia y Gran Bretaña, ex potencia colonial de Sri Lanka, intentarán preparar una operación para ayudar a la población civil a salir de la zona de guerra.
Sri Lanka rechaza sistemáticamente los llamamientos internacionales y los del LTTE para alcanzar una tregua duradera y sigue haciendo oídos sordos a las manifestaciones a favor de los tamiles en Europa y en América del Norte.
Tras 37 años de conflicto armado, que dejó decenas de miles de muertos -2.800 desde enero pasado- el gobierno está convencido de que la insurrección separatista pende de un hilo, pese a que hasta 2007 controlaba 18.000 km2 en el norte y el este de la isla, en los cuales quería fundar un Estado independiente.
Según los expertos, la guerra en Sri Lanka, ex Ceilán, habitado por 20 millones de personas de las cuales el 75% son cingaleses budistas, se explica en el resentimiento que éstos sienten hacia la minoría tamil, favorecida por la antigua metrópoli británica hasta su independencia el 4 de febrero de 1948.
El principal portavoz de la guerrilla tamil se rindió hoy a las fuerzas gubernamentales de Sri Lanka, indicó el ejército, que lleva a cabo una ofensiva final contra el último reducto de los rebeldes en esta isla del sur de Asia.
Velayudam Dayanidi, más conocido como Daya Master, se entregó a las fuerzas regulares que avanzan en la estrecha zona de menos de 15 km2 aún en manos de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, precisó el ejército en un comunicado.
El presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapakse, excluyó hoy cualquier amnistía para el jefe de la guerrilla tamil, Velupillai Prabhakaran, cuyos combatientes están acorralados en el noreste de la isla.
«El dirigente de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) ha rechazado con desprecio la posibilidad de que le perdonáramos (…). Ahora deberá atenerse a las consecuencias de sus actos», declaró el jefe de Estado, según un comunicado de la presidencia.
El lunes el gobierno de Sri Lanka había dado hasta el martes a Prabhakaran y a sus lugartenientes para rendirse.
Acorralado desde hace 18 meses, el Tigre número 1, como se le apoda, está probablemente escondido en el noreste, según Colombo.
Tras 37 años de conflicto separatista, dos altos cargos de la rebelión tamil se rindieron el miércoles al ejército gubernamental, que continúa con su ofensiva final en el noreste, en pleno éxodo caótico de decenas de miles de civiles que preocupa a la comunidad internacional.