Sigue el caos en el tránsito de vehí­culos


El problema del transporte de personas en la ciudad capital y en otras urbes del interior de la República es serio y sin visos de componerse. Corre el rumor que entre la Alcaldí­a Municipal de Guatemala y el Gobierno central hay empatí­a. Las razones no interesan. Lo que importa es buscarle la utilidad en obras de positivo beneficio para la población. No se puede seguir vistiendo santos, desvistiendo a otros, tal como sucedió en la primera fase del Transmetro, en donde salió favorecido el transporte masivo de pasajeros, pero perjudicó seriamente al individual, al extraurbano y al pesado, olvidando que todos son útiles e importantes.

Francisco Cáceres Barrios

En los últimos dí­as he oí­do y leí­do comentarios sobre que el aumento desproporcionado de vehí­culos particulares que subieron a más de un millón y medio en corto tiempo, es la causa del problema, lo que es igual a sólo ver lo que tenemos enfrente, habiéndose demostrado a través de nuestra historia que la vista corta de nuestros funcionarios ha sido la reiterada causa de encontrarnos inmersos en tantos problemas. No, el tránsito de vehí­culos en la capital y en todo el paí­s debe ser atendido con medidas bien planificadas de corto, mediano y largo alcance. Hacer lo contrario es propiciar todaví­a más la anarquí­a.

Por ejemplo, ¿qué sucederí­a si se prohibiera la importación de vehí­culos automotores porque ya hay muchos rodando?; ¿qué tipo de consecuencias traerí­a repetir lo que se hizo en la Aguilar Batres hacia la Roosevelt, en la Martí­ o en los Próceres, limitando a uno o dos carriles el paso de la inmensa cantidad de unidades que van y vienen de los cuatro puntos cardinales del paí­s? ¿No habrí­a que acelerar primero el proceso de descentralización estatal, programar técnica y debidamente el escalamiento del horario de ingreso y salida a los trabajos y establecimientos educativos, con tantas medidas más que sólo se han quedado en ideas o proyectos?

Limitarse a comentar el aumento de vehí­culos circulando como causa del caos actual, es igual a que el médico tratante sólo le tome la temperatura a su paciente para hacer el diagnóstico. No, el problema del tránsito es mucho más grande y diverso. Hay que investigar por qué usted se vio forzado a ayudar a su hija para comprar su primer carrito, porque seguirá estudios universitarios. Seguramente no lo hizo porque desprecia el actual limpio, seguro y confortable transporte colectivo; porque nuestras rutas se mantienen expeditas o porque en nuestro paí­s se respira el mejor aire de seguridad ciudadana. El tiempo pasa volando, ojalá que tanto nuevo funcionario haya llevado debajo del brazo ideas o proyectos para empezar a solucionar el caos del tránsito que lleva tiempo de ser insoportable, causa de innumerable cantidad de accidentes, pérdidas de vidas, tiempo, dinero y esfuerzos.