Siete cajas de ahorros españolas, entre ellas Caja Madrid, aprobaron este lunes su fusión en el marco de la actual reorganización de este sector, afectado considerablemente por el final del «boom inmobiliario».
Se trata de Caja Madrid, Bancaja, Caja Avila, Caja Segovia, Caja Rioja, Caja Laietana y la Caja Insular de Ahorros de Canarias, que aprobaron su unión cada una en un Consejo de Administración.
La nueva entidad «se articulará como un Sistema Institucional de Protección (SIP)», explicó Caja Madrid en un comunicado enviado a la autoridad bursátil española, la CNMV.
La SIP o «fusión fría» prevé la creación de una «sociedad central» que permitirá a las cajas compartir riesgos a través de un mecanismo de solidaridad entre establecimientos, pero cada una conservará su marca comercial y sus oficinas.
En el capital de esta sociedad central «participarán todas las cajas»: Caja Madrid con un 52,06%, Bancaja con un 37,70% y el resto con participaciones menores, según el comunicado.
Las cajas de ahorros, entidades de ámbito regional, se vieron considerablemente afectadas por el final del «boom» inmobiliario en España y actualmente se encuentran en proceso de fusión, presionadas por el Banco central de España, para consolidar sus finanzas.
La nueva entidad creada con la fusión, que tendrá su sede social en Valencia y la operativa en Madrid, dará «plena garantía en materia de solvencia y liquidez» a través de la «centralización de determinadas políticas» –las políticas financiera y de riesgos–, la «puesta en común de estructuras y servicios corporativos comunes y desarrollo integrado de negocios», explicó.
Al mismo tiempo, las siete cajas «mantendrán la titularidad y gestión de las oficinas de negocio bancario minorista ubicadas en sus territorios naturales» y «cada caja mantendrá su personalidad jurídica y sus órganos de gobierno, así como las competencias de gestión sobre sus respectivas obras benéfico-sociales», precisó.
Las cajas de ahorros, entidades de ámbito regional muy vinculadas y controladas por los gobiernos de las regiones españolas y que no cotizan en bolsa, facilitaron mucho crédito a las empresas de construcción de viviendas y el fin de la «burbuja» inmobiliaria les ha afectado considerablemente.
El gobierno socialista español impulsó una reorganización, después de que el Banco de España rescatara a dos entidades en los últimos meses, y creó para ello un fondo de ayuda, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), dotado con un máximo de 99.000 millones de euros.
El martes termina el plazo para pedir ayudas de las cajas que quieran fusionarse.
Las siete cajas que crearán un nuevo grupo acordaron este lunes pedir al Frob «aproximadamente 4.465 millones de euros», según el comunicado.
La nueva sociedad, que sería el tercer grupo financiero español, por detrás de los bancos Santander y BBVA, acumula activos calculados en unos 340.000 millones de euros.
Según el Banco de España «hay un buen número de procesos en marcha: ocho de ellos ya acordados, otros que están a punto de ser finalizados y comunicados», explicó a la AFP su portavoz, que añadió que las fusiones conllevan «un esfuerzo de racionalización importante (…) en términos de sucursales, reducción de personal» o «mejora de la eficiencia».
El sector de las cajas de ahorros «está pasado de capacidad» y «la duda es si han dado demasiado crédito» en los últimos años, declaró a la radio RNE José Carlos Díez, economista de InterMoney, que añadió que las medianas empresas españolas «tienen un saldo de préstamo que deben a las entidades financieras superior a la de Alemania».
En los últimos años, «para atender una demanda de crédito desproporcionada hubo que abrir muchas sucursales, contratar a mucha gente, y ahora no hay esa demanda ni se espera que haya en los próximos tres o cuatro años, por lo tanto el sector tiene que ajustarse», explicó.