Sicarios mexicanos mantuvieron galerí­a de tiro subterránea


Sicarios mexicanos del Cártel de Tijuana mantuvieron durante al menos cinco años una galerí­a de tiro subterránea en una zona residencial de esta localidad fronteriza con Estados Unidos oculta bajo un domicilio sin que los vecinos de la zona notaran nada raro.


La propiedad, de unos 300 metros cuadrados y protegida por una valla de unos tres metros de alto y varios perros, no habí­a despertado las sospechas de nadie hasta que una investigación iniciada tres dí­as atrás llevó a la policí­a al lugar el pasado domingo, informó una fuente policial.

La sorpresa fue mayúscula cuando debajo del lavabo un piso falso daba acceso a un pasadizo subterráneo de un metro de ancho por el que, tras bajar a una escalera de unos dos metros, se accedí­a a lo que ya se conoce como la «academia de sicarios».

En un ambiente en el que se mezclan los olores a humedad y a quemado, hay una galerí­a cuyas paredes de concreto están recubiertas con dos centí­metros de madera y seis de esponja acústica, que permití­an disparar sin temor a ser escuchados en el exterior.

En el suelo, entre decenas de casquillos percutidos de diferentes calibres, la policí­a halló bolsas de papel con kilos de caucho y cajas de cartón con cartuchos, fundas de pistola y otros utensilios policiales.

En un extremo de la galerí­a de la casa, que fue recorrida por medios de prensa, se descubrieron cinco cajas de metal rellenas con caucho sujetas por unas pesadas bases de acero que serví­an como blanco de tiro y detrás de ellas una pared con cuatro capas de llantas para absorber los disparos y evitar que rebotaran las esquirlas.

No es la primera vez que el crimen organizado de Tijuana sorprende por la sofisticación técnica de sus infraestructuras, como las de los túneles de hasta un kilómetro descubiertos bajo el muro fronterizo que separa la ciudad del estado de California.

También el centro de entrenamiento recién descubierto tení­a un complejo sistema de extracción de aire para evitar la sofocación por la pólvora, si bien los sicarios debí­an utilizar también máscaras de gas y ventiladores eléctricos.

Un periódico del año 2003 hallado en el lugar permitió a los investigadores determinar que el centro tení­a al menos cinco años en uso.

Pero a pesar de que los sicarios entrenaban con armas de alto calibre, los vecinos sostienen que nunca oyeron nada sospechoso proveniente de la casa, frente a la cual hay una escuela de primaria.

El comisario de las Fuerzas Federales de Apoyo, el general Antonio Guzmán, sospecha que los que construyeron este centro «seguramente recibieron asesorí­a técnica», aunque rechaza la posibilidad de que proviniera de militares mexicanos.

«Todos sabemos que aquí­ viene gente del «otro lado» (Estados Unidos) con amplia experiencia en el manejo y arreglo de las armas», sostuvo Guzmán.

Además de galerí­a de tiro, la casa también serví­a como armerí­a del cártel dirigido por los hermanos Arellano Félix, ya que se encontró un torno móvil y todo tipo de piezas para arreglar, modificar y dar mantenimiento a armas de fuego.

El armero que operaba en el lugar «era bastante bueno», reconoce Guzmán.

El domicilio fue abandonado por sus ocupantes tres dí­as antes del hallazgo, probablemente previendo la intervención policial, donde dejaron 24 armas útiles y 20 desmontadas, incluidos rifles de asalto de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas.

También fueron encontradas dos camionetas con un fuerte blindaje y otras dos con compartimentos ocultos.