Llevo tiempo de recopilar pensamientos sobre el cada vez más difícil y peligroso tránsito de vehículos automotores en nuestro país. Como tantos más, también me cansé de dar espontáneas recomendaciones a las autoridades para evitar accidentes y sus terribles consecuencias, como para hacer menos complicada la vida a millones de guatemaltecos, a quienes cuando conducimos se nos refleja en el rostro la angustia, el temor, el enojo, la frustración e insatisfacción
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Porque desde el Presidente de la República, pasando por los alcaldes, gobernadores, jefes de tránsito de tantas más entidades policíacas, hayan sido incapaces de dar soluciones prácticas y eficaces, pues no pasamos de hacer “parches” que si por casualidad en un crucero resuelven el embrollo, a dos cuadras adelante produce tremendo embrollo.
Cinco preguntas me hago todos los días sin encontrar alguna atinada respuesta: ¿por qué no respetar sin excepciones la luz roja del semáforo; el paso de cebra que permite el libre tránsito de peatones; las velocidades límites; conducir en la obscuridad con las luces bajas y circular solo por las vías establecidas? Si cada conductor cumpliera con lo que la ley de tránsito establece al respecto de cada punto anterior, otro sería el cantar; infinita cantidad de accidentes se podrían evitar y muchos minutos podríamos reducir diariamente, los que acumulados representan enorme cantidad de tiempo, dinero y esfuerzos perdidos.
Si bien es cierto que nuestras autoridades hacen cada chulada que para qué les cuento, complicando, en vez de resolver los tan comunes atascos de todos los días, también lo es que cada quien pone mucho empeño para terminarla de amolar. Por ejemplo, ¿qué ganamos con quedarnos atravesados en los cruceros, en vez de dejar el paso expedito para quienes sin ningún problema pudieran atravesarse?; ¿qué se nos quita reducir de 100 a 70 kilómetros por hora la velocidad de nuestro vehículo dejando de poner en riesgo la vida de los demás y la de nuestra familia?; ¿qué nos cuesta ceder el paso a uno más que quiere incorporarse a una larga fila de vehículos? Y ¿Qué ganamos con ir cambiando de carril todo el tiempo, pretendiendo ganar con ello unos pocos minutos a costa de provocar accidentes?
También es verdad que exaspera el ánimo hasta de un santo ver que el conductor de la primera fila de la derecha pretenda atravesarse los cuatro carriles de la calzada para cruzar hacia la izquierda, sin ocurrírsele conectar las lámparas “pidevías”, mucho menos agitar por la ventana la clásica “manita mágica de los chapines”. De verdad, no me cabe duda que mucho podríamos hacer los conductores por mejorar el infierno actual del tránsito de vehículos. Está visto que los “jefes de tránsito” de las dependencias del Estado solo sirven para prometer e informar condiciones del tránsito que cada vez resultan ser más inútiles como mentirosas, como eso de mejor tomar “vías alternas”, ¿Cuáles?