Son varios los partidos que se corren el riesgo de desaparecer en los próximos comicios como resultado de no alcanzar el mínimo de votos establecido por la ley electoral y dentro de ellos están los dos que representan lo que queda de la izquierda revolucionaria que participó en el conflicto armado interno que durante años sufrió Guatemala y que terminó con la firma de los acuerdos de paz que no sólo nunca fueron implementados plenamente, sino que ahora están ya cayendo en el olvido.
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Algunos de los partidos políticos menos organizados y otros de los que han venido a menos, se han salvado gracias a que en algún distrito electoral logran postular a un candidato con cierto nivel de arrastre y al entrar al Congreso raspando las minorías, el partido subsiste pese a su fracaso en las elecciones a nivel nacional. En el caso presente, tanto la URNG como la ANN están jugándose la subsistencia y necesitan colocar cuando menos a un diputado para permanecer formalmente como partidos de la izquierda guatemalteca, pero muchos de los observadores ven difícil el objetivo porque carecen de recursos y no han logrado posicionarse en el ánimo de la población.
Muchos extranjeros, al conocer la realidad social de nuestro país y ver no sólo los niveles de pobreza existentes sino la abismal brecha que hay entre los pocos que tienen mucho y los muchos que no tienen nada, creen que Guatemala es un país en donde tienen que ser fuertes y vigorosos los movimientos de izquierda. Y es que piensan de acuerdo a la lógica, suponiendo que a mayor pobreza mayor población inclinada a respaldar movimientos si no revolucionarios, por lo menos reformistas que apunten a cambios estructurales que den al Estado una mayor participación como reguladores del proceso económico.
Y cuando ven que en Guatemala la izquierda no tiene realmente peso político, se sorprenden y confunden ante un fenómeno que rompe, según ellos, con la más elemental de las lógicas en el plano político y social. Pero así es Guatemala, país bastante conservador en donde el poder se lo disputan expresiones que son matices de políticas más o menos conservadoras que apuntan a afianzar un modelo económico orientado al libre mercado y a la reducción cada vez mayor de la capacidad del Estado para intervenir aunque sólo sea ejerciendo el papel de árbitro entre el consumidor, el productor y el comerciante para evitar que las imperfecciones del mercado puedan dañar al grueso de la población.
Personalmente creo que por fuerte que sea la inclinación de la gente a lograr cambios y a buscar mejores horizontes, la orfandad provocada por el asesinato de los mejores y más claros dirigentes del país nos terminó hundiendo en un enorme conformismo que no tiene visos de terminar en el corto o mediano plazo. Y quienes desde posturas radicales trataron de monopolizar la expresión de la izquierda, con gestos tan autoritarios y militaristas como los que se dieron abundantemente en la derecha, terminaron por aniquilar toda posibilidad de articulación de un esfuerzo realmente democrático e incluyente de participación.
Hoy en día, viendo el panorama y sin que necesariamente uno se deje influir por las encuestas sino confiando en el olfato y la experiencia, puede decirse que el riesgo de que las estructuras formales de los grupos de izquierda sufran un descalabro brutal en septiembre es demasiado alto y que, en última instancia, dependerán de la suerte de poder meter por minorías a siquiera un diputado para no pasar a la historia con mucha más pena que gloria.