«Si gano, pediré al PSOE que se abstenga»


Mariano Rajoy, lí­der de la oposición, buscará que la derecha retorne a la presidencia española.

El candidato a la jefatura del gobierno español por el opositor Partido Popular (PP, derecha), Mariano Rajoy, afirmó que si su partido obtiene una mayorí­a relativa en las elecciones generales del domingo, le pedirá «al PSOE que se abstenga en la votación de investidura» del gobierno.


«Primero llamaré al PSOE. El señor Zapatero ha dicho que no formará gobierno si no gana las elecciones» en número de votos «y yo digo lo mismo. Voy a llamar al PSOE (…) para que se abstenga en el debate de investidura, si gano», explicó el lí­der conservador español en una extensa entrevista publidada el jueves en el diario El Paí­s.

La mayorí­a absoluta en el Congreso español de los Diputados es de 176 escaños. En la legislatura saliente, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) contaba con 164 diputados y el PP con 148, de un total de 350 bancas.

Para alcanzar la mayorí­a absoluta, los socialistas negociaron el apoyo de Izquierda Unida (IU, pro comunistas) y de los independentistas de Esquerra Republicana de catalunya (ERC).

Rajoy no descarta una alianza con los nacionalistas catalanes de centroderecha de Convergencia i Unió (CiU), tercera fuerza polí­tica en el Parlamento español en la pasada legislatura con diez diputados, pero fuera del actual gobierno tripartito catalán liderado por el Partido de los Socialistas Catalanes (PSC).

Es la segunda vez que Rajoy se presenta como candidato a la presidencia del gobierno; en 2004, fue derrotado por Zapatero, que ahora busca ser reelecto.

La investidura del gobierno está regulada por el artí­culo 99 de la Constitución española de 1978.

Previa consulta a los representantes de los partidos polí­ticos con representación parlamentaria, el Rey, en este caso Juan Carlos I, propone un candidato a la presidencia del gobierno. Ese candidato es votado por el Congreso de los Diputados y debe obtener mayorí­a absoluta en la primera vuelta. Si no la obtiene, se repetirá la votación 48 horas después, obteniendo la aprobación por mayorí­a relativa.

En 1996, el PP obtuvo una mayorí­a relativa de 156 diputados. Para acceder al gobierno negoció con CiU y también con el Partido Nacionalista Vasco (PNV, moderados). El PSOE, que hasta entonces habí­a gobernado con Felipe González (1982-96) a la cabeza, obtuvo entonces 141 diputados.

Esta vez, Rajoy descartó un pacto de gobierno con el PNV debido a la propuesta del presidente del gobierno regional vasco, el lehendakari Juan José Ibarretxe del ONV, de convocar un referéndum en octubre sobre el derecho del Paí­s Vasco a la autodeterminación.

Las últimas encuestas difundidas cinco dí­as antes de las elecciones dan al PSOE una ventaja de cuatro puntos sobre el PP, lo que le darí­a una mayorí­a relativa.

Voz de latinos


«Â¡Ya sé que ésta está buena!», exclama Miriam mientras quita un pedacito de cáscara de una yuca para comprobar que está a punto para cocinarla como en Ecuador, de donde se vino hace siete años y a donde no tiene pensado volver porque sus hijas se quieren quedar en España.

«A mí­ me han tratado bien. Al principio me costó, pero poco a poco una se va adaptando», explica esta morena de pelo renegrido, madre de dos niñas de 8 y 13 años, frente a un puesto de frutas y verduras en un mercado ubicado a pasitos de la célebre Gran Ví­a madrileña.

Miriam es una de los 4,5 millones de extranjeros que viven en España -el 10% de la población total- que han estado omnipresentes en la campaña electoral de cara a las legislativas del domingo, en las que pueden votar 35 millones de españoles, pero no los inmigrantes.

«Por el momento no pienso volver. Las chicas me han hecho cambiar de idea», asegura esta ayudante de cocina en un restaurante español, que aclara: en «mi casa seguimos comiendo como en Ecuador (…) Aquí­ nos sale un poquito más caro, pero es más rico».

Aunque los inmigrantes no tienen derecho a voto, han sido uno de los temas predilectos de socialistas y conservadores que se disputan el poder en España.

El opositor Partido Popular (PP, derecha) propuso un contrato de integración, que según ciertos requisitos permitirá renovar la residencia, y quiere evitar que la llegada de inmigrantes prive de derechos sociales a los españoles.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE, del jefe de gobierno José Luis Rodrí­guez Zapatero), que en 2005 efectuó una regularización extraordinaria de 570.000 extranjeros que trabajaban en negro, coincide en la necesidad de una inmigración controlada «de acuerdo con la ley».

El PP habla de 1,2 millones de ilegales y el PSOE dice que son 300.000.

Del crecimiento medio de la economí­a española desde los años 90 –cuando España comenzó a atraer a la inmigración–, que ronda el 3% a 3,5% anual, «entre una cuarta parte y la mitad, es decir entre 0,7% y 1,5%, se debe a la inmigración», precisó a la AFP José Antonio Dolado, economista de la Universidad Complutense de Madrid.

«La inmigración es una bendición para España porque ha permitido reformar el mercado de trabajo», aseguró Dolado, experto en inmigración; los inmigrantes «han salvado el problema de las pensiones» y «han tenido unas prácticas de negociación mucho más flexible que los nativos», agregó.

Según datos de la secretarí­a de Estado de Inmigración, los inmigrantes han aportado en 2007 al erario público unos 9.000 millones de euros, equivalentes al pago de 900.000 jubilados y pensionados españoles.

«Ellos necesitan gente que trabaje. Tenemos que levantarnos muy temprano y como es un trabajo de carga y descarga de cajones…», dice Isidro, un boliviano de 32 años, que trabaja desde hace siete en ese puesto de fruta y verdura, cuando se le pregunta si los españoles no quieren trabajar en el mercado, donde la mayorí­a de los empleados tienen rasgos andinos.

«Los españoles son jefes», dice este santacruceño que trajo a sus dos hijas a España para que «tengan un porvenir mejor y una profesión».

Plátano macho, boñato, akras, picantes africanos, ñame, papayas y mangos se encuentran ahora en muchos mercados de España y sobre todo en Madrid, donde el 15% de la población es inmigrante, explicó Marta, una puestera que como muchos empleados en este mercado es latinoamericana, pero en su caso tiene ciudadaní­a española.

Oriunda de Sao Paulo e instalada en España desde hace 15 años, Marta explica que ya votó por correo.

«Con la derecha estarí­amos mejor», afirma.

«El mercado es el reflejo de la economí­a y las ventas han bajado mucho», dice mientras señala con la cabeza a su alrededor, donde aún siendo principios de mes, la clientela no se amontona.

«La derecha mueve más el dinero y entonces hay más trabajo y todos vivimos mejor», agrega con un deje de acento portugués.

«Zapatero es bla, bla, bla», sostiene. «Compra los votos, como hace (el presidente venezolano Hugo) Chávez», insiste, aunque se consuela, afirmando: «Si estuviéramos en Latinoamérica, serí­a mucho peor».