Sí­ a la independencia


«Hay que salir de Georgia, ya no podemos vivir juntos», claman unos habitantes de Tsjinvali, capital de la región separatista pro rusa de Osetia del Sur, horas antes de manifestarse para gritar, alto y fuerte, sus ganas de separarse para siempre de Georgia.


«Llamado a todos aquellos a los que el destino de la patria no los deja indiferentes» a acudir a las nueve de la mañana (hora de Guatemala) a la plaza del Teatro «para decir sí­ a la independencia», voceaba anoche el altavoz de un coche policial que recorrí­a la ciudad en medio de los omnipresentes blindados rusos.

La explicación oficial llegó hoy por la mañana con una declaración del presidente separatista Eduard Kokoity que anunciaba una «asamblea popular» en apoyo a una demanda que hizo «a Rusia, a la CEI (Comunidad de Estados Independientes, ex URSS menos los paí­ses bálticos) y a la comunidad internacional, para que reconozcan la independencia de Osetia del Sur».

En la manifestación participarán algunos refugiados que huyeron de Osetia del Sur por culpa de «la agresión georgiana», adelantó Kokoity, citado por Interfax.

Abjasia, otro territorio separatista georgiano pro ruso, organizó para la tarde una congregación similar.

Desde anoche, los habitantes de Tsjinvali expresaban abiertamente su deseo ardiente de cortar para siempre, los ví­nculos institucionales con Tiflis.

«Hay que salir de Georgia, ya no podemos vivir juntos. Ellos (los georgianos) vinieron para destruirnos», espeta Lena Plieva en el patio de un edificio dañado por impactos de proyectiles a raí­z de una ofensiva lanzada por las fuerzas georgianas el 7 de agosto para intentar retomar el control del territorio.

En una ciudad magullada por los combates, sentadas en torno a una mesa al aire libre para degustar una comida frugal, a base de pepino, pan y galletas, una decena de personas da su opinión sobre el jefe.

El presidente georgiano Mijail «Â¡Saakashvili es peor que Hitler!», es «Â¡un fascista!», aseguran, convencidas de que su pueblo ha sido ví­ctima de un intento de «genocidio».

«Los osetas no devolverán jamás su tierra. Nos hemos instalado en ella antes que los georgianos», jura Elena Djabieva, una lugareña cuyo marido, de 70 años, ha sido «herido en la espalda y las costillas» durante los enfrentamientos.

«Mataron a ancianos y niños», denuncia, antes de exclamar: «Â¡Nos uniremos a Osetia del Norte!», la vecina república rusa. Djabieva da «gracias a Rusia» por haber intervenido militarmente contra los georgianos.

«Se ha cortado artificialmente a Osetia en dos entidades. Hay que reunirlas», asiente Nodar Kokoiev, médico del hospital municipal, que permanece desierto por los daños sufridos con cohetes e impactos de balas.

«Â¡Que se queden los soldados rusos!», «Estoy a favor de una unión con Rusia», exclama una transeúnte sesentona.

«No queremos vivir con los georgianos y ellos no quieren vivir con nosotros», resume Taimuraz Shochiev, uno de los principales dirigentes de Osetia del Sur.

Este hombre, que tiene pasaporte ruso como muchos de sus conciudadanos, estima que su presidente «es el presidente de Rusia» aunque rinde pleitesí­a a Eduard Kokoity, número uno del territorio.

Entre tanto, no hay rastro oficial de la presencia de Georgia en Osetia del Sur ni banderas georgianas en su frontera con Rusia.