En la tarde del 25 de junio de 1944 me encontraba en mi casa leyendo El Inconsciente de C. G. Jung, en el momento en que se realizaba la tercera manifestación de protesta contra el dictador Jorge Ubico a la cual mis padres me impidieron asistir (16 años de edad), pero sí había participado en las dos anteriores. Embebido estaba en la lectura cuando escuché unos lejanos disparos.
Mi tía Olimpia Guerra (después de Van Tuylen) era maestra de primera enseñanza en la escuela José Felipe Flores y con unas compañeras dispusieron acudir a la manifestación; ya reunidas, decidieron invitar a su colega María Chinchilla. Esta educadora no estaba de ánimo, según parecía, por problemas sentimentales. Sin embargo, la convencieron y todas juntas se encaminaron a la manifestación, ignorando María que iba al encuentro de la parca; de los disparos que escuché uno la hirió de muerte. Por tan infausto suceso fue declarada Mártir del Magisterio Nacional, y el 25 de junio Día del Maestro.
Han pasado 65 años de tales acontecimientos que se conocieron como Movimientos Cívicos de 1944 y que culminaron con la Gloriosa Gesta del 20 de Octubre.
El pueblo cansado y desesperado por una dictadura atroz, respondió al llamado de la juventud universitaria revolucionaria, y con valentía desafió al feroz sátrapa de los 14 años. El resultado fue un período de auténtica democracia, que fue interrumpido por los retrógrados de siempre que llegaron al poder y que hoy pretenden manipular a una juventud, en la que creo, hay varios de sus integrantes que obran de buena fe, y otros que piensan como Fratti, incluso, algunas señoras. Es absurdo, cómo algunos opinan y que están desubicados histórica y socialmente, comparar este movimiento con el de 1944, que logró con sus ideales revolucionarios derrumbar un sistema feudal y antidemocrático e instalar un gobierno realmente socialdemócrata, que se preocupó por los verdaderos problemas del pueblo guatemalteco, y cuyas obras y realizaciones aún perduran, aunque distorsionadas y contaminadas debido a los nuevos sistemas económicos, sociales y políticos, en los que campean la ambición por el poder (sin contenido ideológico y patriótico), tanto económico como político y con las expresiones demagógicas de siempre.
Actualmente no estamos en un paraíso ni cosa parecida, por lo que es imperativo, para no continuar así, realizar reformas sustanciales a nuestro sistema político, a fin de que surjan partidos con ideología y sustentación democráticas, y que de ellos emerjan candidatos idóneos con capacidad de estadistas, conocedores de los problemas ingentes que padece la población y portadores de soluciones realizables.
Para lograr tales propósitos debemos, sobre todo, deponer el odio, el rencor y el egoísmo que anima al protagonismo, causantes de la grave fragmentación evidente en la sociedad guatemalteca. No pertenezco ni simpatizo con sector político alguno; amo verdaderamente a Guatemala como lo demostré cuando, la serví honradamente por muchos, años, y escribo estas reflexiones basado en mi experiencia y los 81 años que estoy próximo a cumplir.