A propósito de las iniciativas de voluntariado que el nuevo mandatario propone para involucrar a los jóvenes en la lucha contra el hambre, me permito escribir algunas ideas que rondan en mi cabeza desde hace tiempo y que tienen sustento en mi experiencia como periodista y docente universitaria.
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Para empezar creo que es importante que las y los jóvenes conozcan la realidad del país para poder tomar conciencia e ir creando más visión social que comercial que es lo que más se les enseña en las universidades. Pero eso de voluntariado como tal, me suena a una experiencia religiosa que no volverán a repetir porque huyyyyyy.
De esa cuenta, considero que el nuevo Presidente debería de emular acciones realizadas en otros países en donde las y los jovencitos realizan un servicio social obligatorio –y para mí así debe ser, muchos no concordarán, pero es lo que pienso–.
Con esto se puede ayudar como creo que ya se hizo en algún tiempo a alfabetizar, a apoyar dependiendo del área de interés de los jóvenes, en tareas de nutrición, agricultura, enfermería. Ayudar a pintar escuelas, componer pupitres viejos, en fin hacer algo que produzca resultados.
En años anteriores mis alumnos me han manifestado el deseo de hacer algo por los demás, pero lamentablemente a no ser por “Un techo por mi país†–que además resulta demasiado cool–, no encuentran donde canalizar ese deseo de ayudar y claro está no todos lo tienen.
Mientras trabajaba en un matutino del país tuve la oportunidad de convivir varios días con una familia en Alta Verapaz y puedo decir con total sinceridad que fue una experiencia que cambió mi vida. Me enseñó a ser menos egoísta, a valorar lo que tengo por supuesto y en especial a respetar más a las personas que luchan más, que se esfuerzan más y que están más solos.
Y luego algo trillado quizá, –se dice que se hace mucho, pero he visto poco–, reforzar esa idea llamada Responsabilidad Social Empresarial. Y es que si cada negocio próspero, que los hay muchos en Guate, tomaran una escuela a cargo, por lo menos para mantenerla pintada, con baños usables y suficientes escritorios, no pido más que igual podrían, otra sería la historia.
Muchos dirán que eso es responsabilidad del Estado y sí lo es, pero siendo un país pobre, no nos queda de otra que tomar cartas en el asunto y claro está tener fiscalización de la utilización de nuestros impuestos. Ya que luego algunos funcionarios hacen mano de mono comprando carne de cerdo y otros (bastantes por cierto) quedan así de rechonchos luego de llenarse las bolsas cuatro años con nuestro dinero.