Seriedad, por favor…


Un ciudadano común y corriente se puede dar el lujo de meter la pata o de hablar puras babosadas sin temer que sus expresiones tengan consecuencias, pero un funcionario público tiene obligación de ser serio cuando abre la boca. Viene lo anterior a cuento ahora que el Vicepresidente de la República se desdice de sus declaraciones anteriores relacionadas con su interés en concesionar los aeropuertos del paí­s, no obstante que existen grabaciones que respaldan lo publicado por los medios de prensa y ello únicamente demuestra escasa responsabilidad.


Evidentemente hay gente que dice lo que piensa, pero no piensa lo que dice y eso es sumamente delicado cuando se habla en nombre del gobierno de una Nación. Pero lo peor de todo es recurrir al procedimiento de acusar a la Prensa de inventar cosas para querer salir en caballo blanco, en vez de simplemente admitir con hidalguí­a y entereza que se metió la pata. Cierto es que la relación entre los altos funcionarios y la Prensa no es de lo más cordial y que existe tirantez visible, pero de eso a acusar a un reportero de haber manipulado informaciones hay una gran diferencia.

El actual Vicepresidente se labró un nombre en el extranjero como cirujano y ha sido altamente respetado por su capacidad en ese campo, pero evidentemente de asuntos de Estado y gestión administrativa no conoce casi nada y por ello comete errores garrafales que a la larga terminarán minando la fama y el prestigio que adquirió en el ámbito profesional. Porque al final de cuentas la imagen pública que proyecta con esos bandazos contradice lo que se llegó a pensar de él por sus credenciales adquiridas en el quirófano.

Por su propio bien y para cuidar la imagen que de él llegó a tener la sociedad guatemalteca, le conviene ser mucho más cuidadoso en sus expresiones y entender que el protagonismo histórico no vendrá por hablar mucho, sino por lo que haga en concreto y de esa cuenta resulta mil veces preferible ser parco en las declaraciones, sobre todo en los temas que no domina que, para su infortunio, son demasiados.

En la prensa no existe interés en dañar la imagen del Vicepresidente de la República pero sus declaraciones son atractivas para los reporteros porque, como pasó en el perí­odo anterior con el Presidente, siempre tienen algo de pintoresco. Pero esa actitud de querer achacar a los reporteros malévolas tergiversaciones de lo que realmente se dijo trasciende la falta de seriedad para caer en un gesto de poca entereza para asumir la responsabilidad de errores o aciertos.