¿Será que la ética, valores y principios ya cambiaron?


Leyendo una entrevista recientemente realizada al doctor Jorge Mario Garcí­a Laguardia, pude enterarme de su criterio sobre que la polí­tica de Guatemala es una novela y aún más sus personajes. Al compartir su opinión, sabrán disculpar mis estimados lectores si al respecto vengo ante ustedes a formularles algunas preguntas que antes yo debiera contestar, en vista del alto aprecio que tengo por la oportunidad que Diario La Hora me brinda para poder externar libremente mis pensamientos, pero es que los guatemaltecos de un tiempo a esta parte, hemos venido sufriendo un verdadero bombardeo de declaraciones cí­nicas o desvergonzadas de parte de algunos personajes públicos, capaces de dejarnos literalmente con la boca abierta. De ahí­ que viva preguntándome ¿Seré yo el equivocado?, ¿es incorrecto contratar a parientes para que trabajen en la misma oficina, dependencia o entidad en la que alguien presta sus servicios? Por ejemplo, el entrevistador de Siglo Veintiuno le acaba de preguntar al magistrado Flores de la Corte de Constitucionalidad ¿su hija trabaja como asesora suya? Y con toda tranquilidad le responde: «Sí­, es cierto, mi hija es mi asesora.»

Francisco Cáceres Barrios

Para cualquiera esto no es más que un ejemplo clásico de nepotismo, ¿entonces qué opinión le merecerá que el mismo magistrado responda así­ a la pregunta de si es legal este nombramiento?: «Las disposiciones que regulan la actividad administrativa de la Corte de Constitucionalidad no lo prohí­ben y por tal razón muchos parientes trabajan en la Corte de Constitucionalidad. El hermano de la magistrada Chacón y dos sobrinos trabajan en la Corte, al igual que dos sobrinos del magistrado Maldonado».

¿Significará que eso cualquiera podrá seguirlo haciendo, aunque disguste a quienes observan, aprecian y exigen de los funcionarios respeto, mucho más a los jueces, para que se comporten dentro del marco más estricto moral y ético?; ¿es que para la población honesta y fiel cumplidora de sus obligaciones, no tiene nada de malo que de ahora en adelante toda la parentela del presidente, vicepresidente, ministros, viceministros, directores, gerentes, directivos y de tantos cargos más van a copar los cargos claves del resto de las administraciones a su cargo, sin el menor asomo de vergí¼enza o empacho?

Si la respuesta fuera afirmativa, no me quedará otro remedio que dar la vuelta e irme con la cola entre las canillas pero, si me dicen que estoy en lo cierto y que esa práctica, como tantas cosas más debieran terminarse de una vez por todas, ¿qué estamos esperando para pegar el grito al cielo y ponerle coto a tan descarada práctica? Que conste, me resisto a comentar lo del pago de indemnizaciones a los magistrados de las cortes, de sus gordas remuneraciones y prebendas, como de tantos beneficios que en la «nueva moda» se acostumbra. ¿Para qué voy a seguir amargando la vida de los lectores?