Luego de atestiguar el incidente en el que el diputado Mario Taracena Díaz Sol se dirigió al estrado del hemiciclo parlamentario para increpar al Presidente del Congreso y lanzarle una botella de agua, alguien tuvo la gracia de enviarme la iniciativa de ley presentada hace pocos días por el diputado Mario Fernando Flores Ortiz y que contiene un proyecto de «Código de í‰tica del Parlamentario». Y quien hizo el envío se tomó la molestia de subrayarme una parte de la exposición de motivos que uno no sabe si interpretar como chiste o como algo serio.
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Y es que después de hablar de ética como norma general de conducta, la moral y los valores, en la exposición de motivos el diputado Mario Flores dice: «El parlamentario debe ser en esencia ejemplo de rectitud, honestidad, lealtad, fidelidad, eficiencia, eficacia y justicia.» Puchis dice uno, si eso fuera realmente una norma que implicara requisito, seguramente que el hemiciclo quedaría prácticamente vacío y los listados de candidatos que nos ofrecen hoy los partidos políticos tendrían que ser revisados a profundidad y dudo mucho que alguno pudiera quedar intacto.
No contento con definir lo que debe ser en esencia el parlamentario, el arquitecto Flores todavía sigue diciendo que deben «tener claro que su función es la de servir y no la de servirse del cargo; debe entender (agrega) que es depositario de la confianza pública y que su razón de ser electo y existir es, en primer lugar, la ley; y en segundo lugar, la ciudadanía que es la que a postre paga (sic) con sus impuestos los emolumentos que percibe y que por lo tanto, tiene pleno derecho de que se le sirva correcta y eficientemente?»
Ignoro cuál fue la reacción de los señores diputados cuando la iniciativa fue leída ante el pleno el 4 de junio de este año, pero si algún diputado puso atención y entendió el galimatías que quiso ser medio poético del diputado Flores, debe haber soltado una carcajada de todos los diablos. Que conste que tengo la impresión de que el envío de la copia de la iniciativa fue hecho por algún periodista y no por algún diputado, porque los parlamentarios definidos en forma tan precisa y clara por el proyecto de ley no estarán interesados en que trascienda la ingenua propuesta.
Creo que en ningún lugar del mundo hay diputados que puedan reunir tan hermosas cualidades pues es muy difícil encontrar un ser humano, no digamos un miembro de algún parlamento, que sea al mismo tiempo recto, honesto, leal, fiel, eficiente, eficaz y justo, siendo además capaz de ser ejemplo en todas esas virtudes. De lo que sí estoy seguro es que no existe en el mundo un parlamento con tales atributos entre todos sus miembros. Cierto es que el Estado Vaticano no tiene parlamento, pero si consideramos que el Colegio de Cardenales puede ser una especie de órgano equivalente, hay que decir que ni entre ellos hay tanta pureza, tanta perfección como la que intuye el diputado Mario Flores que puede alcanzar, cumpliendo un estricto código de ética, nuestro flamante Congreso.
Debe recordar don Mario que él mismo empieza diciendo que «la conducta del diputado está íntimamente ligada a la conducta del ser humano», ideota que debiera hacer entender que no se puede pedir peras al olmo y que dechados de perfección como los que idealmente señala el proyecto no existen ni siquiera en el coro celestial.