Ser o no ser, esa es la cuestión


Y, verdaderamente ¡esa es la cuestión! Es la disyuntiva que deberí­a resolver ante la incertidumbre y la indecisión el personaje shakesperiano. Y hoy, también, como una repetición de ese famoso pasaje, deberá ser la respuesta definitiva a una cuestión, que durante 54 años, se ha convertido en indecisión y más que ello, una práctica entrega de nuestros valores y de aquello que representa nuestra máxima expresión legal.

Carlos E. Wer

Loa acontecimientos que estremecieran la columna vertebral de nuestra Patria Grande hace apenas pocos dí­as, llevó a las hermanas repúblicas de Colombia, Venezuela y Ecuador a un enfrentamiento, que se convertí­a cada dí­a en una brasa ardiente, cada vez más ardiente que horas antes. El lenguaje que se usó, era un lenguaje de confrontación, un lenguaje que, pareciendo olvidarse de la calidad que cada representante tení­a como primer magistrado de esas naciones, acercara cada vez más a sus paí­ses a esa peligrosa escalada.

La convocatoria urgente a que la Organización de Estados Americanos se reuniera para resolver el conflicto, hizo que muchos de nosotros recordáramos las ingratas experiencias de una OEA, que se habí­a entregado totalmente a los intereses del imperio estadounidense. Recordamos como esa misma Organización en su X Conferencia en Caracas en 1954, habí­a determinado prácticamente la sentencia de muerte del proceso revolucionario guatemalteco. Recordamos que Cuba no tuvo mejor suerte. La incertidumbre acerca de su futuro actuar, pareciera que complicaba la situación que confrontara a esos paí­ses en conflicto.

Llegado el dí­a, fuimos testigos por medio de la transmisión en vivo de la Sesión, de la prácticamente unánime respuesta de los representantes de cada uno de los paí­ses presentes. La OEA rescataba la dignidad que habí­a perdido y en forma clara y precisa, al acatar el espí­ritu y la letra de su Carta Magna, ratificaba el derecho de los paí­ses miembros a proteger y defender su soberaní­a. La República Soberana se alzaba nuevamente como estandarte de derecho. Y los años en los que ella se habí­a plegado miserablemente a los caprichos de los presidentes estadounidenses y los intereses oligárquicos que protegen, quedaron borrados con la digna actitud asumida por los representantes presentes.

Esa actitud, esa dignidad rechazaba la imposición que durante los últimos años ha tenido el imperio de imponer a Latinoamérica, la supuesta «necesidad» de ceder parte de la soberaní­a a las polí­ticas dictadas por sus intereses. La «soberaní­a limitada» que ha sido utilizada en los últimos tiempos para encubrir las intervenciones que en nombre de la persecución al trafico de drogas y a «terroristas» han implementado organismos y fuerzas armadas estadounidenses, en clara violación a los derechos de las repúblicas soberanas. La decisión, pues, de los miembros de la OEA es una contundente respuesta a esa velada intromisión.

Ahora, hablando de los intereses de nuestra propia Patria, nos queda una incógnita por resolver. ¿Comprenderán las Fuerzas Armadas Guatemaltecas el mensaje? ¿Se darán cuenta de la importancia que él representa para el futuro de la paz y el desarrollo de Guatemala? ¿Se darán cuenta, que al retornar al cumplimiento de la letra de nuestra Constitución, que señala como responsabilidad y obligación de las Fuerzas Armadas el defender la soberaní­a nacional, que representa el final de la imposición de la «soberaní­a limitada» que ha sido aceptada (ilegalmente aceptada) por los militares guatemaltecos?

Esa responsabilidad de la respuesta de quienes deben volver a la enseñanza y práctica dentro de sus filas, del valor supremo depositado en sus manos: la defensa de la Soberaní­a Nacional, es de vital importancia para el futuro de nuestro paí­s. Esa respuesta llevará indiscutiblemente a las Fuerzas Armadas a retomar la formación nacionalista que nos heredara la Revolución de Octubre y que se perdiera con la intervención estadounidense de 1954 y la formación apegada a la Polí­tica de Seguridad Nacional impuesta después de ella.

Es por ello que la definición del pensamiento que expresara el genio inglés «Ser o No Ser» define también a la imperiosa necesidad de que esa institución del Estado, rompiendo con lazos que llevaran a confrontarla con su pueblo, la responda, ante él y ante su propio futuro. La oportunidad que le presenta la decisión de los paí­ses miembros de la OEA y la complementaria de la Reunión del Grupo de Rí­o, debe ser comprendida y no debe ser despreciada por las Fuerzas Armadas nacionales.

Personalmente como hombre de la gesta del 2 de Agosto, espero que su respuesta le permita reencontrarse con ese pueblo que un 20 de Octubre de 1944, se abrazara con el, en la búsqueda de un futuro que representara a todos los guatemaltecos. Un futuro en el que la solidaridad, la justicia, la libertad, fuera la expresión común de quienes aspiramos a encontrar en la justicia social la paz para Guatemala.