Desde el origen de la Tierra, hace quizá 4.5 mil millones de años, el clima global ha cambiado constantemente, y no hay indicio alguno de que habrá un clima permanente. El cambio ha sido obra de la Naturaleza misma. Empero, ¿puede el ser humano mismo, por medio del incremento del dióxido de carbono que genera el consumo de energía obtenida de sustancias fósiles, como el petróleo, ser causa de un incremento catastrófico de la temperatura del planeta?
Los datos actualmente disponibles no suministran fundamento alguno para afirmar que el ser humano puede provocar tal incremento. Precisamente hay una manifiesta ausencia de relación de causa y efecto entre cantidad de dióxido de carbono producido por el ser humano, y temperatura planetaria. Por ejemplo, entre los años 1900 y 1940, cuando el ser humano producía una cantidad de dióxido de carbono notablemente menor que la que produce en el presente, la temperatura era mayor que la actual. Si hubiera una relación de causa y efecto, la temperatura habría sido menor.
Posteriormente, entre los años 1940 y 1975, cuando el ser humano producía una cantidad de dióxido de carbono notablemente mayor que la que producía entre los años 1900 y 1940, la temperatura disminuyó. Si hubiera una relación de causa y efecto, la temperatura habría aumentado. Finalmente, precisas mediciones muestran que, desde el año 1979, la temperatura ha disminuido levemente, aunque la producción de dióxido de carbono ha aumentado extraordinariamente. Si hubiera una relación de causa y efecto, la temperatura habría aumentado.
Una prueba adicional de que no hay tal relación de causa y efecto consiste en que, como reportó la revista “The Economist”, de marzo del presente año, el mundo agregó 100 mil millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, durante el período comprendido entre el año 2000 y el año 2010. Empero, la temperatura no se incrementó, aunque esa cantidad de dióxido de carbono equivale a la cuarta parte de la cantidad total de ese gas que la humanidad ha producido desde el año 1750.
La temperatura del planeta cambia por causas naturales; y ese cambio puede consistir en un calentamiento, o en un enfriamiento. Notables especialistas del clima discrepan sobre la naturaleza de esas causas. Es el caso de Fred Singer y Richard Lindzen. Singer afirma que la causa es la variación de la órbita terrestre y la variación de la actividad solar. Richard Lindzen afirma que la causa es la dinámica de la atmósfera y de los océanos, es decir, el movimiento atmosférico y oceánico de fluidos, y las interacciones entre ellos. La causa que propone Singer y la que propone Lindzen no necesariamente son incompatibles, porque, por ejemplo, la variación de la órbita terrestre y de la actividad solar podría influir en la dinámica de la atmósfera y de los océanos.
Don J. Easterbrook, profesor emeritus de geología, de la Universidad Western Washington; y Oleg Sorokhtin, investigador del Instituto de Oceanología y miembro de la Academia de Ciencias Naturales, de Rusia, afirman que ha comenzado una era de enfriamiento global. Más recientemente (en marzo del presente año), el científico Habibullo Abdussamatov, investigador del Observatorio Astronómico Pulkovo, de San Petersburgo, confirmó la tesis que él había anunciado ya en el año 2005: “avanzamos inevitablemente hacia una profunda disminución de la temperatura.” La causa es una disminución de la actividad solar. Y Yuri Nagovitsyn, también investigador de aquel mismo observatorio, predice una nueva pequeña edad de hielo, como la que hubo a partir del año 1350 hasta el año 1850, aproximadamente.
Post scriptum. En el mes de mayo del presente año, la revista “Forbes” publicó un artículo, cuyo autor es Peter Ferrara, denominado “Para el horror de los alarmistas del calentamiento global, el enfriamiento global está aquí.”