En materia de seguridad pública, Guatemala tiene muchas deficiencias que deben ser corregidas para que el desempeño de las personas que integran las instituciones encargadas de velar por las personas y sus bienes, desempeñen sus funciones de la mejor manera posible; es decir, cumpliendo con los objetivos para los que fueron creadas.
En los últimos años (12) hemos visto desfilar por las instituciones de seguridad (a excepción del Ejército) a numerosas personas que sin tener formación policial y sin formación académica universitaria, dirigieron de acuerdo a su lógica común y a su «leal saber y entender» la Policía Nacional Civil y otras entidades del Ministerio de Gobernación. Ello produjo la desmotivación para los policías de «línea» y los de carrera, pero sobre todo de la población del país que no daba crédito a los nombramientos de personas ignorantes e ineptas para desempeñar dichos cargos.
Yo apreciaría mucho, que el actual Ministro de Gobernación me concediera una audiencia para exponerle algunos de los asuntos que para la población son de urgente solución; tanto en la capital como en algunos departamentos; intercambiar ideas y conocer algunos aspectos fundantes de los planes de acción policial en el país.
Desde estas columnas en los medios de comunicación, algunas veces, los periodistas, columnistas, colaboradores, editorialistas o como se nos quiera llamar, escribimos acerca de temas que no son de nuestro total conocimiento y cometemos errores de interpretación o apreciación; y la entrevista con el Ministro de Gobernación, desde ya, creo que sería muy ilustrativa para quien escribe el presente artículo.
A veces, la vorágine de las actividades diarias no le permiten a los funcionarios enterarse de los problemas que los ciudadanos viven; no les da tiempo de leer los periódicos, mucho menos de ver los noticieros televisivos o escuchar radio periódicos; también en algunos casos es insuficiente el recorte noticioso que se les presenta a diario, porque no tienen tiempo para leer; algunas otras cosas «más importantes» se los impide.
Entiendo que la vida de los funcionarios es muy «ajetreada» (DRAE: «Fatigarse corporalmente con algún trabajo u ocupación, o yendo y viniendo de una parte a otra»; la responsabilidad de sus funciones los hace enmarcarse dentro de un patrón de actividades que respondan como mínimo para rendir los informes oficiales a las autoridades superiores; lo anterior, aleja un poco a los funcionarios de la realidad que se vive fuera de las oficinas o despachos ministeriales.
Al no conocer la verdadera verdad, se actúa, se dice, se ordena, se manda y se implementan acciones con sentido común, pero sin un respaldo legal que fundamente las aprehensiones, cateos, operativos o resoluciones administrativas que tengan como objetivo solucionar problemas de seguridad en el país. Guatemala, el país como contexto, tiene su historia, sus necesidades regionales, su diferencia orográfica, su pluriculturidad y multilingí¼ismo, lo que obliga a no homologar acciones como las señaladas en el territorio nacional.
Considero que los funcionarios del Estado, con la humildad del caso, deben escuchar en algunas ocasiones, a personas que están fuera de su entorno de trabajo, a gente que no pertenece a su «rosca» de adláteres (DRAE: «Persona subordinada a otra, de la que parece inseparable») quienes observan y viven la realidad real y no la realidad virtual que se les hace llegar a los funcionarios cuyos sueldos son pagados con el dinero de la misma población.
Espero en esta oportunidad, no encontrarme con funcionarios que presumen de que: «TODO LO SABEN, TODO LO PUEDEN y NADIE MíS SABE MíS QUE ELLOS MISMOS EN EL RAMO DE SU TRABAJO».