Ayer se inauguró el Foro Regional Conmemorativo a los 25 años de la Cumbre Esquipulas II, que en 1987 abrió las vías de la paz y la conciliación para los centroamericanos. Hoy continuó debatiendo sobre los principales retos de la región en el siglo XXI, considerando la inseguridad y el crimen organizado como el mayor reto.
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Al foro de hoy participaron Francisco Dall’Anese, jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), la fiscal general Claudia Paz y Paz, y el expresidente colombiano, Ernesto Samper.
En su intervención, Dall’Anese destacó que hay que cambiar de estrategia para la lucha contra el narcotráfico, y señaló estar de acuerdo con la legalización de las drogas, como una alternativa al combate contra las drogas.
Para dimensionar la lucha, el jefe de la CICIG comparó los presupuestos de seguridad de los estados centroamericanos, con el monto de las “cajas chicas” del crimen organizado; ante esta lucha desigual, sería difícil ganar la batalla al enfrentarse en forma frontal.
El expresidente colombiano coincidió en sus comentarios con ello. Señaló que las posibilidades de Centroamérica para enfrentar al crimen organizado son menores a las de México, y que la violencia de Latinoamérica tiene que ver con la desigualdad y por la invasión de las armas.
Por aparte, Claudia Paz y Paz, fiscal general, resaltó que, a pesar de todo, ha habido avances en la lucha contra el narcotráfico, especialmente al capturarse a más de cien supuestos Zetas y diez personas con solicitud de extradición por Estados Unidos, por sospechas de narcotráfico. Sin embargo, también opinó que el Estado está en franca desventaja ante el narcotráfico y el crimen organizado.
FORO
El foro conmemorativo a Esquipulas II dio inicio ayer, y hoy consumió sus últimas horas. La Embajadora de la Unión Europea, Stella Zervoudaki, en sus palabras calificó a Esquipulas II como el proceso de arranque decisivo de la paz y la integración regional, la cual la Unión Europea ha acompañado desde un principio, partiendo de la integración económica hasta nuevas etapas en que se privilegia la democratización con respeto a los derechos humanos, siendo un gran avance el Acuerdo de Asociación de región a región, el cual permitirá a la UE seguir cooperando con más fuerza en beneficio de los pueblos.
También intervino la diputada de México, Beatriz Paredes, Secretaria General del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien manifestó que la lucha que mantiene su país por el respeto a los mexicanos en su frontera norte, también tenía vigencia en su frontera sur, con Centroamérica y por ello a su propuesta, México promulgó una Ley Migratoria que beneficia a los centroamericanos en sus derechos como migrantes.
Hizo ver la hermandad cultural de los mayas, centenaria civilización que habitó tanto Centroamérica como México.
El expresidente Vinicio Cerezo Arévalo hizo una amplia intervención recordando los esfuerzos que hicieron posible la paz, pero que ahora se imponía una nueva agenda para construir una sociedad incluyente con las mujeres, las etnias y los jóvenes, cuyas reivindicaciones no pueden ignorarse y su cumplimiento es parte de Esquipulas III, un nuevo proceso que está empezando.
Recuerdan 25 años de Esquipulas
Los presidentes centroamericanos recordaron ayer la firma de los Acuerdos de Esquipulas II —los cuales redujeron la intensidad de la guerra en la región hace 25 años— durante una Cumbre regional a la que no asistieron algunos de los protagonistas de la época, ni actuales gobernantes de naciones con las que Nicaragua tiene problemas limítrofes.
A la reunión convocada por el presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien ocupa la presidencia pro témpore del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), asistieron el presidente salvadoreño Mauricio Funes, el hondureño Porfirio Lobo y el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) José Miguel Insulza.
También estuvieron representados los gobiernos de Panamá, Belice y República Dominicana mediante sus cancilleres.
Cada uno de ellos, durante sus intervenciones, reconoció que la firma de Esquipulas II fue la base de la paz y del desarrollo de la región; y que ahora más que nunca cobran vigencia, cuando el crimen organizado y el cambio climático amenazan la región.
El presidente de Guatemala, Otto Pérez, había planeado participar en la reunión, pero por asuntos de clima en su país no pudo viajar a Managua, mientras que la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, no asistió al encuentro, debido al conflicto limítrofe que tiene su país con Nicaragua.
En la reunión sí estuvo presente el expresidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, quien fue condecorado por Ortega con la Orden de Independencia Cultural «Rubén Darío», por el papel que desempeñó para que se llegara a la firma del Acuerdo de Esquipulas II.
«Vinicio tuvo el coraje de desafiar a los que no querían que conversáramos y que entonces se lograra la paz», dijo Ortega antes de otorgarle la medalla.
Cerezo dijo que recibía con mucho sentimiento la Orden Cultural y que la dedicaba a los difuntos mandatarios de Honduras José Azcona; de El Salvador, José Napoleón Duarte, y a los miles de centroamericanos que perdieron a alguien durante el conflicto armado.
«Esquipulas no fue el final, sino el inicio del camino para lograr una Centroamérica en paz, próspera, con desarrollo y justicia social; tenemos tareas pendientes, pero vamos a lograrlo», dijo Cerezo.
El canciller de Costa Rica, Enrique Castillo, después de alabar la firma del acuerdo de hace 25 años, lamentó que no se haya condecorado a «otros protagonistas» del histórico acuerdo, en clara alusión al ex gobernante de su país Oscar Arias, quien en 1987 recibió el Premio Nobel de la Paz por su papel en esas negociaciones, pero que no asistió a la cita del miércoles.
«No podemos olvidar el papel que jugó el ex presidente Arias en el proceso, que se entregó de lleno, como el resto de los presidentes de Centroamérica que buscaban la paz, y Costa Rica fue un soporte muy importante en ese proceso», dijo Ortega.
Los conflictos armados en los países centroamericanos en las décadas de 1970 y 1980, en plena Guerra Fría, dejaron cientos de miles de muertos y naciones sumergidas en graves problemas económicos.
«Esquipulas fue una hoja de ruta para alcanzar la reconciliación y la paz, y nos enseñó que antes que los conflictos armados, están la negociación, el diálogo y ya no la violencia», dijo Funes en su intervención.
«Esa firma fue un hito histórico de la paz del continente, porque se necesitaba mucho coraje para llevarlo adelante, pero hay camino que recorrer», dijo Insulza al referirse al acuerdo firmado hace 25 años.
Por su parte, Lobo dijo que ese acuerdo de paz permitió el inicio de una tradición que se mantiene con las reuniones del SICA, «pero la inseguridad social sigue deteniendo nuestro desarrollo y crecimiento económico, por eso hay que hacer un gran esfuerzo, porque el fruto de ese esfuerzo sea lograr el crecimiento en justicia social».
En una aparente superación de la época de masacres, guerrillas y contrarrevoluciones, los mandatarios actualmente se reúnen para hablar sobre seguridad ciudadana y alimentaria, lucha contra el crimen organizado, cambio climático o adquisición de medicamentos.
«Son los temas que ahora nos atañen como región 25 años después», dijo el canciller nicaragüense Samuel Santos.
Como muestra de ellos, los países miembros del SICA brindaron su respaldo a la iniciativa de mediación que inició semanas atrás el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en la búsqueda de superar el conflicto que existe entre la Asamblea Legislativa y la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de su nación.
Al final del encuentro una declaración de cinco puntos en los que mostraron apoyo a Funes e instaron a los poderes del Estado salvadoreño en contienda a buscar una salida por la vía del diálogo.
El problema surgió cuando la Sala de lo Constitucional de la CSJ emitió dos sentencias que declaran inconstitucional la elección de los magistrados de ese poder del Estado. Los diputados salvadoreños estiman que la decisión de la CSJ es facultad plena del Legislativo y que la CSJ con esas sentencias, pretende quitársela.
Funes dijo que su aspiración es que la solución al asunto salga como producto de una negociación entre las partes.
Los Acuerdos de Esquipulas fueron firmados el 7 de agosto de 1987 por los entonces presidentes Ortega, de Nicaragua; Cerezo, de Guatemala; Duarte, de El Salvador; Azcona, de Honduras, y Arias, de Costa Rica.
La negociación de Esquipulas implicó que en cada país de la región se iniciará un proceso de «reconciliación nacional» que incluyó diálogos y amnistías, un cese de hostilidades y el compromiso de fortalecer la democracia y celebrar «elecciones libres». Ortega es el único presidente que firmó aquellos acuerdos y que luego de perder elecciones en 1990, regresó al poder en 2006 y fue reelegido en 2011.
Para el experto en relaciones internacionales Mauricio Herdocia Sacasa, Nicaragua «ha mantenido una posición pro integración de la región en estos 25 años de forma clara y categórica, pero hace falta que asuma un liderazgo mayor para profundizar el proceso, y tiene que superar esos roces vecinales», en alusión a un problema limítrofes con Honduras, Costa Rica y Colombia.
Para el analista político y sociólogo nicaragüense Oscar René Vargas, las relaciones que tiene Nicaragua con bloques como la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsada por el presidente venezolano Hugo Chávez, producen cierto distanciamiento de algunas naciones del istmo con el gobierno de Ortega.
«Hay un recelo natural de quienes no comparten la manera de actuar y la visión del bloque ALBA; y eso no aísla a Nicaragua, pero sí la mantiene al margen del resto de los países que no forman parte de ese bloque por razones políticas», dijo Vargas a AP.
Sin embargo, Herdocia opinó que existen diferencias político-ideológicas entre varias naciones centroamericanas por asuntos como la integración del bloque del ALBA, pero que no hay aislamiento.
«Yo no veo una contradicción alguna entre el ALBA y el SICA, porque son dos procesos que pueden complementarse y convivir, porque uno no debe ni puede afectar al otro», dijo Herdocia.
Vargas recordó que durante los tres gobiernos de derecha en Nicaragua desde 1990 hasta 2006, las relaciones con Estados Unidos fueron estables, pero al volver Ortega al poder se tensionaron nuevamente, debido a las posiciones ideológicas del presidente nicaragüense, que ha mantenido desde siempre un discurso hostil hacia Washington.
«Esa relación nunca ha sido ni será buena, porque se trata de antagonismos fuertes que ni 25 años después de Esquipulas se han podido superar», explicó Vargas.