Tanto el 5 de julio en Urumqi como el mes de marzo de 2008 en Lhasa, el estallido de violencia se produjo en el seno de dos minorías étnicas –uigures musulmanes turcófonos y tibetanos budistas– frente a los hanes, que a sus ojos representan la imposición del modelo político de Pekín.
Una política que ha trastocado los equilibrios demográficos; los hanes, etnia mayoritaria en China, representan ahora el 75% de la población de Urumqi y 17% de la de Lhasa.
En Xinjiang como en Tíbet, es el rechazo de este modelo lo que impulsó los disturbios: asfixia cultural, idiomática y religiosa por parte de los hanes laicos y la sensación de verse relegados a ciudadanos de segundo orden en sus propias tierras, que China afirma haber sacado del subdesarrollo a base de miles de millones de dólares.
«China ha usado la misma política étnica desde hace 60 años», destaca Dru Gladney, experto estadounidense en Xinjiang. «Este modelo de desarrollo único no funciona en Xinjiang ni en Tíbet donde el sentimiento de identidad es fuerte».
En las dos «regiones autónomas» del oeste chino la violencia ha sido sangrienta: oficialmente 184 muertos en Xinjiang, 20 en Tíbet. Aunque según los exiliados serían «varios miles» en Xinjiang y más de 200 en Tíbet y las provincias vecinas.
En ambas regiones «estos sucesos han puesto de manifiesto el contexto de odio y de miedo», opina la experta en Tíbet Claude Levenson.
Hemos visto «la misma pasividad relativa de las fuerzas del orden (…) el mismo cuadro de arrestos y registros, el mismo lenguaje de desprecio hacia las «minorías» para defender mejor a los chinos de cepa atacados por los «bárbaros»», añade la experta.
Los disturbios de Xinjiang, como los de Tíbet, tienen un fuerte eco internacional y ambas diásporas en Occidente han alimentado el flujo de informaciones a menudo imposibles de verificar y no siempre fiables.
También en ambos casos, Pekín acusó de los conflictos a personalidades emblemáticas en el exilio de la lucha de estas minorías por conservar su cultura: Rebiya Kadeer, que dirige desde Washington el Congreso Mundial Uigur, y el Dalai Lama, exiliado en India.
China ha visto nuevamente la «mano del extranjero» en estos disturbios y ha advertido a los países que la critican que no interfieran en sus «asuntos internos».
También ha reafirmado que tanto Xinjiang como Tíbet son «partes inalienables del territorio chino», destaca Thierry Kellner, del Instituto de Investigación sobre la China Contemporánea de Bruselas.
Sin embargo existen diferencias significativas entre ambas situaciones.
Xinjiang tiene una importancia estratégica de la que carece Tíbet por albergar la planta de ensayos nucleares de Lop-Nor.
Todavía más rica que Tíbet en recursos naturales, Xinjiang es la segunda región china productora de petróleo, también tiene abundante gas y vastas reservas de uranio y carbón.
Además, «Xinjiang bordea zonas inestables del mundo musulmán –parte del territorio paquistaní y de Afganistán– y esta característica inquieta evidentemente a las autoridades chinas que temen un eventual contagio», indica Kellner.
El nivel de tensión era alto el lunes en Urumqi, capital regional de Xinjiang (noroeste), después de que la policía china disparase contra «sospechosos de violar la ley» causando dos muertos y un herido.
«Según las primeras informaciones, miembros de la seguridad pública que patrullaban la zona vieron a un grupo de tres infractores presuntamente uigures, armados de largos cuchillos y bastones, que estaban persiguiendo a otro uigur», indicó el comunicado difundido por la oficina de prensa del gobierno de Urumqi.
«La policía disparó y mató a dos sospechosos de violar la ley e hirió a un sospechoso (…) en total legalidad», indicó ese texto.
El herido fue hospitalizado, precisó.
Los disparos se produjeron en el barrio musulmán de Urumqi cuando un grupo de al menos tres uigures se acercaron a los soldados armados de cuchillos y palos, según dos testigos uigures, que indicaron a la AFP haber presenciado el incidente a unos 50 metros de distancia.
Los uigures «atacaron a los soldados con grandes cuchillos y les dispararon», dijo uno de los dos hombres.
«He escuchado lo que parecía una decena de disparos. Luego vimos correr a mucha gente», afirmó un médico uigur a la AFP.
Cuando la AFP llegó al lugar de los hechos, las fuerzas del orden estaban haciendo retroceder a unas 200 personas del gran mercado oriental y habían empezado a bloquear la zona.
Durante la mañana, mientras que algunas tiendas permanecían cerradas, otras habían decidido reparar sus vitrinas dañadas durante el estallido de violencia que se declaró el 5 de julio en la capital de Xinjiang, cuando los amotinadores uigures se enfrentaron a los hanes, etnia mayoritaria en China.
Los disturbios interétnicos dejaron 184 muertos y en los enfrentamientos resultaron heridas además 1.680 personas, de las cuales 216 en estado grave, según el último balance oficial.
Por su parte, la disidencia uigur en el exilio mencionó un balance de varios miles de muertos y afirmó que los disturbios estallaron tras la brutal represión de la policía de una manifestación pacífica de uigures.
El lunes de mañana, cuatro días después de que las autoridades anunciasen que la situación en Urumqi estaba «bajo control», cientos de policías seguían sin embargo patrullando la ciudad.
Durante el fin de semana, Zhou Yongkang, uno de los nueve miembros del buró político del Partido Comunista (alta dirección del PCC), a cargo de los asuntos de Policía y de Justicia, pidió durante el tercer día de una visita a Xianjiang erigir un «muro de acero» contra las «fuerzas hostiles», según la agencia China Nueva.
Estandartes rojos flotaban en la ciudad con eslóganes como «Viva la unidad de los grupos étnicos» o «Abajo la amenaza separatista», mientras que camiones recorrían la capital regional equipados de altavoces que difundían mensajes pidiendo a la población cooperación y mantener la estabilidad social.
La prensa china se hizo eco el lunes del dolor de las familias que buscan a sus desaparecidos y afirmó que tan solo habían recuperado 63 cuerpos.
«No puedo describir el estado de ánimo de estas familias cuando vienen a reclamar los cuerpos. ¿Cómo aceptar que aquellos a los que se quiere mueran de esta manera? Todo nuestro personal llora con ellas», indicó el responsable de una de las dos morgues al diario China Daily.
La agencia China Nueva también dedicó una larga nota a las burlas de las que es objeto en internet Rebiya Kadeer, disidente en el exilio, a la que Pekín acusa de ser la instigadora de los disturbios.