Semejanzas con los disturbios de Tí­bet


FOTO LA HORA: Peter PARKS/AFP

Los soldados de las tropas de China pasan en camiones en las calles de Urumqui en la región de Xinjiang.» title=»FOTO LA HORA: Peter PARKS/AFP

Los soldados de las tropas de China pasan en camiones en las calles de Urumqui en la región de Xinjiang.» style=»float: left;» width=»250″ height=»155″ /></p>
<p>Las similitudes entre los disturbios de Xinjiang y los de Tí­bet ocurridos el año pasado han llamado la atención de numerosos especialistas sobre China, a pesar de algunas diferencias considerables.</p>
</div>
<p> <span id=


Tanto el 5 de julio en Urumqi como el mes de marzo de 2008 en Lhasa, el estallido de violencia se produjo en el seno de dos minorí­as étnicas –uigures musulmanes turcófonos y tibetanos budistas– frente a los hanes, que a sus ojos representan la imposición del modelo polí­tico de Pekí­n.

Una polí­tica que ha trastocado los equilibrios demográficos; los hanes, etnia mayoritaria en China, representan ahora el 75% de la población de Urumqi y 17% de la de Lhasa.

En Xinjiang como en Tí­bet, es el rechazo de este modelo lo que impulsó los disturbios: asfixia cultural, idiomática y religiosa por parte de los hanes laicos y la sensación de verse relegados a ciudadanos de segundo orden en sus propias tierras, que China afirma haber sacado del subdesarrollo a base de miles de millones de dólares.

«China ha usado la misma polí­tica étnica desde hace 60 años», destaca Dru Gladney, experto estadounidense en Xinjiang. «Este modelo de desarrollo único no funciona en Xinjiang ni en Tí­bet donde el sentimiento de identidad es fuerte».

En las dos «regiones autónomas» del oeste chino la violencia ha sido sangrienta: oficialmente 184 muertos en Xinjiang, 20 en Tí­bet. Aunque según los exiliados serí­an «varios miles» en Xinjiang y más de 200 en Tí­bet y las provincias vecinas.

En ambas regiones «estos sucesos han puesto de manifiesto el contexto de odio y de miedo», opina la experta en Tí­bet Claude Levenson.

Hemos visto «la misma pasividad relativa de las fuerzas del orden (…) el mismo cuadro de arrestos y registros, el mismo lenguaje de desprecio hacia las «minorí­as» para defender mejor a los chinos de cepa atacados por los «bárbaros»», añade la experta.

Los disturbios de Xinjiang, como los de Tí­bet, tienen un fuerte eco internacional y ambas diásporas en Occidente han alimentado el flujo de informaciones a menudo imposibles de verificar y no siempre fiables.

También en ambos casos, Pekí­n acusó de los conflictos a personalidades emblemáticas en el exilio de la lucha de estas minorí­as por conservar su cultura: Rebiya Kadeer, que dirige desde Washington el Congreso Mundial Uigur, y el Dalai Lama, exiliado en India.

China ha visto nuevamente la «mano del extranjero» en estos disturbios y ha advertido a los paí­ses que la critican que no interfieran en sus «asuntos internos».

También ha reafirmado que tanto Xinjiang como Tí­bet son «partes inalienables del territorio chino», destaca Thierry Kellner, del Instituto de Investigación sobre la China Contemporánea de Bruselas.

Sin embargo existen diferencias significativas entre ambas situaciones.

Xinjiang tiene una importancia estratégica de la que carece Tí­bet por albergar la planta de ensayos nucleares de Lop-Nor.

Todaví­a más rica que Tí­bet en recursos naturales, Xinjiang es la segunda región china productora de petróleo, también tiene abundante gas y vastas reservas de uranio y carbón.

Además, «Xinjiang bordea zonas inestables del mundo musulmán –parte del territorio paquistaní­ y de Afganistán– y esta caracterí­stica inquieta evidentemente a las autoridades chinas que temen un eventual contagio», indica Kellner.

SUCESOS Matan a «sospechosos»


El nivel de tensión era alto el lunes en Urumqi, capital regional de Xinjiang (noroeste), después de que la policí­a china disparase contra «sospechosos de violar la ley» causando dos muertos y un herido.

«Según las primeras informaciones, miembros de la seguridad pública que patrullaban la zona vieron a un grupo de tres infractores presuntamente uigures, armados de largos cuchillos y bastones, que estaban persiguiendo a otro uigur», indicó el comunicado difundido por la oficina de prensa del gobierno de Urumqi.

«La policí­a disparó y mató a dos sospechosos de violar la ley e hirió a un sospechoso (…) en total legalidad», indicó ese texto.

El herido fue hospitalizado, precisó.

Los disparos se produjeron en el barrio musulmán de Urumqi cuando un grupo de al menos tres uigures se acercaron a los soldados armados de cuchillos y palos, según dos testigos uigures, que indicaron a la AFP haber presenciado el incidente a unos 50 metros de distancia.

Los uigures «atacaron a los soldados con grandes cuchillos y les dispararon», dijo uno de los dos hombres.

«He escuchado lo que parecí­a una decena de disparos. Luego vimos correr a mucha gente», afirmó un médico uigur a la AFP.

Cuando la AFP llegó al lugar de los hechos, las fuerzas del orden estaban haciendo retroceder a unas 200 personas del gran mercado oriental y habí­an empezado a bloquear la zona.

Durante la mañana, mientras que algunas tiendas permanecí­an cerradas, otras habí­an decidido reparar sus vitrinas dañadas durante el estallido de violencia que se declaró el 5 de julio en la capital de Xinjiang, cuando los amotinadores uigures se enfrentaron a los hanes, etnia mayoritaria en China.

Los disturbios interétnicos dejaron 184 muertos y en los enfrentamientos resultaron heridas además 1.680 personas, de las cuales 216 en estado grave, según el último balance oficial.

Por su parte, la disidencia uigur en el exilio mencionó un balance de varios miles de muertos y afirmó que los disturbios estallaron tras la brutal represión de la policí­a de una manifestación pací­fica de uigures.

El lunes de mañana, cuatro dí­as después de que las autoridades anunciasen que la situación en Urumqi estaba «bajo control», cientos de policí­as seguí­an sin embargo patrullando la ciudad.

Durante el fin de semana, Zhou Yongkang, uno de los nueve miembros del buró polí­tico del Partido Comunista (alta dirección del PCC), a cargo de los asuntos de Policí­a y de Justicia, pidió durante el tercer dí­a de una visita a Xianjiang erigir un «muro de acero» contra las «fuerzas hostiles», según la agencia China Nueva.

Estandartes rojos flotaban en la ciudad con eslóganes como «Viva la unidad de los grupos étnicos» o «Abajo la amenaza separatista», mientras que camiones recorrí­an la capital regional equipados de altavoces que difundí­an mensajes pidiendo a la población cooperación y mantener la estabilidad social.

La prensa china se hizo eco el lunes del dolor de las familias que buscan a sus desaparecidos y afirmó que tan solo habí­an recuperado 63 cuerpos.

«No puedo describir el estado de ánimo de estas familias cuando vienen a reclamar los cuerpos. ¿Cómo aceptar que aquellos a los que se quiere mueran de esta manera? Todo nuestro personal llora con ellas», indicó el responsable de una de las dos morgues al diario China Daily.

La agencia China Nueva también dedicó una larga nota a las burlas de las que es objeto en internet Rebiya Kadeer, disidente en el exilio, a la que Pekí­n acusa de ser la instigadora de los disturbios.