Todos los gobiernos en nuestro país sufren tremendo desgaste porque para ganar las elecciones hacen ofertas irrealizables y crean expectativas que no se materializan. Pero a ese desgaste que podemos considerar como natural en el medio, se agrega ahora el que provoca la crisis económica que tiene raíces muy profundas y de carácter externo en buena medida, lo que limita la capacidad de maniobra de las autoridades locales.
En el balance que debe hacerse al cumplirse los primeros seis meses de gobierno tenemos que considerar dos factores esenciales que fueron tema crucial de campaña. El primero es el de la violencia que sigue generando en la población percepciones graves porque no se sienten mejoras que alivien la angustia cotidiana de la población. El Gobierno considera que ha mejorado la estadística pero reconoce que falta mucho por hacer y el pueblo en general no se ocupa tanto de la estadística como de sus temores de todos los días que siguen siendo muy altos.
El otro tema fue el de la oferta de campaña que puede resumirse en aquel anuncio que clamaba: «que baje la gasolina». En otras palabras, el candidato Colom generó la expectativa de que con él se resolverían problemas como el alto precio de algunos productos, entre ellos la gasolina, a sabiendas de que nada podría hacer para resolver el problema. Hoy le pasa el electorado una factura alta porque hay desencanto al ver que no sólo no bajó la gasolina, sino que desde que él asumió el poder ha subido el combustible y junto a él todo en la canasta básica.
Sabemos, por supuesto, que no es culpa de Colom esa crisis mundial y que no puede hacer mucho Guatemala para contrarrestar sus efectos, pero la gente lo único que sabe a ciencia cierta y fuera de lucubraciones o especulaciones es que todo ha subido desde enero para esta fecha y, dentro de una reacción que es totalmente normal y corriente, responsabiliza al gobierno de lo que le ocurre.
Al ingeniero Colom le tocó llegar al poder en las peores circunstancias que ha tenido que enfrentar cualquier nuevo gobierno en las últimas décadas porque se veía venir una coyuntura económica mundial adversa. La competencia electoral para ganarse el voto de la gente estaba ya en tal dinámica que había que seguir aumentando la oferta para lograr más votos. Cualquiera hubiera sido el resultado de la elección, hoy estaríamos igual económicamente y también las percepciones de la gente sobre el gobierno serían igualmente de desencanto, porque nuestro sistema se basa en el engaño para atraer electores y las consecuencias siempre serán las mismas.