Pese a su desempeño como funcionario diplomático del gobierno actual, el embajador Acisclo Valladares Molina continúa comentando la realidad nacional como columnista de prensa y en la crisis actual ha asumido la defensa de los más altos funcionarios de gobierno y de los que fueron señalados en el video de Rodrigo Rosenberg. Pero esta semana Acisclo dio un consejo a los investigadores de los crímenes de los señores Musa y del mismo abogado Rosenberg, diciendo que era importante seguirle la huella al pisto, es decir, a los intereses económicos y los movimientos que puedan tener alguna vinculación con este caso.
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Creo que, efectivamente, una línea importante de investigación tendrá que ser la que se oriente a establecer los negocios que se puedan haber realizado en este gobierno y determinar la participación y el papel de los señalados por Rosenberg en los mismos, para determinar si hay asomo de corrupción en los que se han concretado. Yo no sé qué es más difícil, si encontrar huellas de un asesinato con ribetes políticos o hacerlo en casos de corrupción donde existen mecanismos altamente sofisticados para ir borrando las huellas y eliminar pruebas incriminatorias. Sobre todo tomando en cuenta que vivimos en un país donde la impunidad es la norma y las instituciones llamadas a fiscalizar no cumplen con su función constitucional.
Si en algo la sofisticación es tremenda es en materia de corrupción, porque es tanta la práctica que se tiene y la experiencia que han acumulado los corruptos durante décadas enteras de realizar sus movidas con funcionarios de todos los gobiernos, que en realidad tendrían que ser demasiado pendejos para dejar evidencias que los puedan comprometer y suficientes como para llegar a la deducción de responsabilidades. En Guatemala la corrupción ha tenido tantas formas burdas y descaradas, como el cajonazo que metieron en el Ministerio de Gobernación en el gobierno de Portillo para llevarse los millones o el descarado saqueo de los llamados ahorros del Congreso perpetrados por los subalternos de Meyer, hasta llegar al manejo de los fideicomisos que requieren una planificación muy elaborada o de la maniobra que permitió la venta de activos de la telefonía sin tener que cumplir con el requisito constitucional de pasar por el Congreso de la República.
Hay expertos que asesoran no sólo jurídicamente sino en planos contables y de auditoría a los involucrados en la corrupción para ir borrando huellas, situación que complica la teoría del embajador Valladares de que se puede llegar al esclarecimiento de los casos mediante el procedimiento de seguirle la pista al dinero. Lo cierto del caso es que no se puede dejar ningún cabo suelto ni descuidar ninguna línea de investigación.
Importante es que ahora, cuando ha pasado la presión política y terminó la exigencia de pedir la renuncia, aunque fuera temporal, del Presidente de la República, se entienda que en éste y en todos los casos lo que hay que exigir es el fin de la impunidad mediante la implementación de mecanismos eficientes de investigación y de presión fuerte de la población hacia los operadores de justicia para que cesen con la sucia manipulación que hacen de las leyes en su descarado afán de mantener la impunidad. Y Acisclo nos dice que a lo mejor siguiendo la huella del dinero logramos llegar a entender muchas de las cosas que mantienen la intranquilidad en nuestro país, afirmación en la que creo que no anda desencaminado.