Seguimos sin autoridad en el tránsito


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Al finalizar la mañana del jueves 4 de octubre circulaba por las calles de la zona 11 de la ciudad capital, cuando me rebasó un automóvil de reciente modelo a toda velocidad y detrás de él pasó como bala un motociclista de la Policía Municipal de Tránsito. Al llegar al crucero de la 22 calle, un taxi colisionó al primer vehículo citado, del cual descendieron dos jóvenes no mayores de 18 años de edad con golpes contusos, reclamándole al taxista haber provocado el accidente.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


¿Y el policía municipal? Vaya decepción, el agente al ver lo ocurrido, giró violentamente hacia la izquierda y desapareció como por arte de magia.

    Esa es la clase de agentes que tiene a cargo el control del tránsito la municipalidad capitalina. Útiles únicamente para complicar el ya de por sí  desordenado transitar de vehículos y para poner remisiones a quienes los estacionan en lugares prohibidos. No necesito informarle al amable lector la accidentalidad ocurrida durante la primera semana del mes de octubre, mucho menos la cantidad que se acumula en lo que va del año, muertos, heridos, daños y perjuicios abundan por doquier y nadie mueve un dedo para evitarlos. Toda nota informativa termina en que los choferes y ayudantes salen huyendo del lugar del accidente y ¡viva la pepa! Pues al fin y al cabo no hubo ningún miembro de la familia damnificado.

    Así nos hemos vuelto los chapines. Incapaces de llamar a la autoridad para que mande a componer los semáforos que se descomponen a cada rato porque ¿a dónde se llama? Y si se hace, nadie contesta. Llevamos muchos años de no oír, ver o comprobar alguna campaña de prevención de accidentes, salvo la que no se me olvida por su soledad en el espectro preventivo que recomendaba el uso del cinturón de seguridad. El gobierno central apenas puede con la múcura de la seguridad ciudadana, por lo que pregunto ¿a dónde vamos ir a parar?, ¿al hospital o al cementerio? Y omito la cárcel porque si la mayoría de agentes se comportan como el que relaté al principio, se podrán imaginar qué clase de resultados podremos lograr.

    Este comentario no lo hago en son de crítica, ni de censura, mucho menos de queja porque seguirla haciendo está comprobado que no sirve de nada. Ninguna autoridad escucha y si lo hace se hace la loca y con esto más, que cada vez que miran nuestra estampa solo sirve para mentarnos a la familia, la que no tiene ninguna culpa de la terquedad del aprendiz de escribiente. Insisto en tratar el tema para ver si así puedo llegar a sensibilizar al sector privado para que hagamos algo en conjunto para evitar accidentes. Las pérdidas de vidas, los daños y perjuicios que ocasionan y el monto de dinero perdido inútilmente es multimillonario, por lo que  sí vale la pena unir esfuerzos.