Seguimos angustiados, doña Adela


Entiendo que a mucha gente le guste el protagonismo para salir bastante por la tele, fotos aquí­ y por allá, dar golpes de efecto y tantas cosas más que la tecnologí­a moderna facilita, aparte que sirve de útil vehí­culo para lograr el relumbrón. Pero en el caso de los servidores públicos, todo eso debiera ir apareado a los éxitos en su gestión. Que diera yo porque doña Adela de Torrebiarte, actual Ministra de Gobernación, nos diera datos fidedignos de su eficaz combate a la criminalidad, puesto que seguir haciendo lo mismo que sus antecesores, genera la misma mala impresión resumida en la popular frase «mucha bulla para tan pocas nueces».

Francisco Cáceres Barrios

No es lo mismo dar el relumbrón en asuntos de seguridad ciudadana (lo relumbrante de escaso valor; más aparente que verdadero o de mejor apariencia que calidad) que la sociedad logre recuperar la confianza en las autoridades; que podamos salir tranquilos de dí­a y de noche a la calle; mucho más, cuando tenemos de frente a sus «agentes de la autoridad». No, doña Adela, con todo respeto, insisto en decirle que la gran mayorí­a de chapines seguimos viviendo con la camisa levantada, de igual manera como cuando usted encabezaba aquel famoso grupo de «madres angustiadas». ¿Lo recuerda?

Frente a mí­ tengo varios recortes de prensa en donde se consigna que la vocera de la Policí­a Nacional Civil, bien bola, para hablar en legí­timo chapí­n, se pasó llevando de corbata un pesado camión que circulaba a las cuatro y media de la mañana, en el crucero de la 10ª Avenida y 12 Calle de la zona 1, ocasionando destrozos al vehí­culo que manejaba, al colisionado camión y de ribete, a la propiedad pública y privada. Igual que antes, a la bolita agente, a los pocos minutos la habí­an sacado libre, después de pagar una risible medida sustitutiva y el chofer del camión, quien a estas horas todaví­a no le ha pasado el susto, todaví­a en la tarde seguí­a detenido.

Vea qué caso, doña Adela. Yo sé perfectamente que como Ministra no tiene tiempo, ni necesidad de estar al tanto de minucias pero ¿no le parece que el despido que horas después se produjo, no es suficiente para acabar con la chamarra de la impunidad que inmediatamente se teje sobre estos hechos, como si habláramos de tomar el desayuno o de ir a misa los domingos? No, no se trata de un hecho aislado. Oiga, vea y entérese por los medios de comunicación social del paí­s que todos los dí­as invariablemente hay denuncias de exacciones ilegales, extorsiones, amenazas y hasta de bandas «policiales» haciendo de las suyas. ¿Hasta cuándo vamos a seguir en las mismas? Yo le suplico que tome en cuenta mi sugerencia: demostrarle a sus antecesores masculinos quién es el que se aprieta los pantalones, le aseguro que solo así­ todos saldrí­amos ganando.