Secreto justificado


Creemos que la decisión anunciada de mantener en secreto los nombres de las personas ví­ctimas de los experimentos para inocular sí­filis, gonorrea y otras enfermedades venéreas es absolutamente correcta porque no hay razón para que se divulgue la identidad de quienes fueron ví­ctimas inocentes de ese procedimiento totalmente inmoral en contra de presos, soldados, prostitutas y enfermos mentales recluidos en el manicomio.


Por supuesto que existe un derecho a la información pero el mismo siempre estará supeditado al respeto de la intimidad y en este caso, aunque las ví­ctimas puedan haber fallecido, es probable que tengan descendientes que no tienen por qué sufrir la vergí¼enza por una situación como la que estamos comentando.

Sin embargo, y este es un gran sin embargo, es importante que el acuerdo para mantener en reserva la información no se aplique a los resultados de la investigación en cuanto a quiénes fueron los responsables en el Estado de Guatemala de haber facilitado a los norteamericanos la realización de los inhumanos experimentos. En otras palabras, aplaudimos la decisión de que se declare absoluta reserva sobre la identidad de las personas que fueron contagiadas deliberadamente para realizar experimentos sobre el efecto del tratamiento de penicilina en los enfermos, pero exigimos que en el caso de funcionarios y profesionales que permitieron esa práctica experimental, se conozca su responsabilidad, aun y cuando se trate de personas que ya hayan fallecido.

Y no es porque queramos simplemente exponerlos públicamente, sino por la necesidad de sentar precedentes para que funcionarios públicos aprendan que el respeto a la dignidad del ser humano es fundamental y que no se puede ni se debe jugar con ella. Lo ocurrido en Guatemala a mediados del siglo pasado es una vergí¼enza de enormes proporciones que no puede quedar impune y que nos obliga a sentar enérgicos precedentes para evitar que en el futuro se pueda repetir ese gesto de sometimiento que puso en peligro vidas y que significó una grosera agresión contra personas inocentes que sin consentimiento fueron ví­ctimas de experimentos que recuerdan a los casos paradigmáticos de la ciencia médica en la Alemania de Hitler cuando se hicieron manipulaciones médicas en perjuicio de las ví­ctimas inocentes del Holocausto.

La comisión que dirige el Vicepresidente de la República tiene razón al querer proteger la identidad de las ví­ctimas porque sólo harí­a falta que además del daño que ya les causaron, sus descendientes fueran expuestos a la vindicta. Pero a los culpables sí­ los tenemos que conocer, porque lo que hicieron fue absolutamente inhumano e imperdonable.