Secretario general de la ONU visita zona del conflicto


Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, llegó a la ciudad de Kandy, en Sri Lanka. FOTO LA HORA: AFP ROSLAN RAHMAN

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, comprobó hoy en un campo de refugiados la difí­cil situación de los 300 mil civiles tamiles que escaparon de la zona de combates entre separatistas tamiles y tropas srilanquesas.

Por Gerard Aziakou

Tan sólo dí­as después de que el gobierno de Sri Lanka proclamara su aplastante triunfo sobre los separatistas Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), con los que se enfrentaron durante 26 años, Ban visitó el campo de Menik Farm, 250 km al norte de Colombo, hogar de miles de civiles que escaparon de la zona de guerra.

«Estoy muy conmovido por lo que he visto. He visto a tantos heridos», dijo Ban luego de recorrer durante 20 minutos este campo, un mar chozas de cartón corrugado y tiendas de campaña.

«Hay enormes desafí­os que sólo pueden superarse con un fuerte apoyo de la comunidad internacional», dijo Ban, en el marco de una visita de 24 horas a Sri Lanka.

El campo, a 90 km al sudoeste de la que fue zona de combates, al que las autoridades de Sri Lanka califican de «aldeas de bienestar», está rodeado de alambres de púa y una fuerte seguridad. Activistas tamiles lo compararon con campos de concentración y organizaciones humanitarias se quejaron de las restricciones para acceder en vehí­culos hasta los refugiados.

El secretario generald e la ONU se reunió antes de viajar al campo con el ministro srilanqués de Relaciones Exteriores, Rohita Bogollagama, quien prometió que los civiles desplazados serán reintegrados antes de fin de año.

Ban se reunirá con el presidente srilanqués, Mahinda Rajapakse, en la ciudad de Kandy (centro) para explicarle la necesidad de permitir el acceso a las organizaciones humanitarias y la garantí­a de una total integración de la minorí­a tamil en la sociedad srilanquesa como parte de un proceso de «reconciliación nacional».

Los tamiles, en su mayorí­a de religión hindú, son el 12,6% de la población de Sri Lanka, de un total de 20 millones, mayoritariamente cingalesa (74%) y de religión budista.

«Ha llegado el momento de que los srilanqueses cierren las heridas y busquen la unidad sin mirar la confesión religiosa o la identidad étnica», habí­a dicho Ban el viernes al llegar a Sri Lanka.

El secretario general sostuvo que una de las prioridades de su visita es garantizar la asistencia humanitaria «para los más de 300.000 desplazados que necesitan alimentos, agua y condiciones sanitarias» adecuadas.

Más de 20 periodistas que acompañan a Ban en esta visita también pudieron ver el campo y volar con el responsable onusiano sobre la zona del conflicto, en un hecho bastante inusual para la prensa.

Desde el aire, la zona de conflicto es un área desierta, con cráteres enormes, vehí­culos quemados al costado del camino y edificios carbonizados, sin señales de vida.

Horas antes de la llegada de Ban, Rajapakse, rechazó la presión internacional. «Hay quienes trataron de frenar nuestra campaña militar amenazándonos con llevarnos ante los tribunales por crí­menes de guerra», dijo Rajapakse ante miles de simpatizantes concentrados en las afueras del parlamento.

«No tengo miedo. La fuerza que tengo es vuestro apoyo. Y hasta estoy preparado a ir a la horca por ustedes», sostuvo.

La ONU estima que más de 7.000 civiles murieron en los enfrentamientos armados de los cuatro primeros meses de este año, cuando la devastadora ofensiva militar del gobierno arrinconó a los Tigres a una franja costera.

Las organizaciones humanitarias denunciaron los bombardeos indiscriminados del ejército y acusaron a los Tigres de usar a los civiles como escudos humanos.

El ejército srilanqués proclamó su aplastante victoria sobre los Tamiles el lunes pasado tras reivindicar que habí­a matado al lí­der del LTTE, Velupillai Prabhakaran.

El viernes, la página web rebelde Tamilnet dijo que Prabhakaran sigue vivo, pero el jefe del ejército Sarath Fonseka afirma en una entrevista que se publicará el domingo que el cuerpo del lí­der rebelde fue incinerado.

La guerra causó unos 100.000 muertos, según la ONU.