¡BASTA, la violencia NO podrá dominarnos! Cuando los padres traemos hijos a este mundo, contraemos una serie de responsabilidades para con ellos; una de ellas es darles las herramientas necesarias para que durante su crecimiento tengan oportunidades de experimentar actividades valiosas que les fomenten el afán de curiosidad, búsqueda de cosas nuevas, novedad, creatividad, iniciativa, independencia y toma de decisiones. En sus primeros años, estos hijos son esponjas que absorben todo lo que ven, escuchan, palpan, gustan y huelen; sus sentidos son las puertas abiertas a la percepción de lo que les rodea incluyendo el lenguaje, que desarrollan según el o los idiomas que se hablen en familia. Esas experiencias son las que ayudan a los niños a definir sus áreas de mayor interés para que puedan ir tomando decisiones que los encaminarán al éxito. Estos hijos pequeños, que todo lo observan, copian de sus padres; sus neuronas espejo están constantemente activas y de aquí la consciencia que debemos tener los padres de ser ejemplo de vida para nuestros hijos. Como nos tratemos a nosotros y tratemos a los demás, será el modelo que ellos copiarán. Muchas veces, es jugando con ellos que vamos formando los valores que serán su guía cuando como adultos tengan que actuar. Los padres tenemos la oportunidad de permitir a nuestros hijos experimentar la independencia desde temprana edad, la necesidad de saber adaptarse a nuevas situaciones donde se les demande un manejo maduro de sus emociones cuando las decisiones que hagan marquen el rumbo de sus vidas. Las experiencias vividas en sus primeros años, serán las que definan un nuevo crecimiento personal y les permitan un cambio cultural. En este mundo globalizado es y será de mucha importancia el saber cómo interrelacionarse con personas de distintos países y distintas culturas. Las experiencias pasadas en su primera infancia, adolescencia y juventud les ayudarán a reconocer las oportunidades que les presenta la vida a ellos y a su familia. En este momento, ellos como padres, tienen que proporcionar a sus hijos las herramientas, nuevas y mejoradas, que ellos recibieron de nosotros. Cuando nos llega el momento de romper el cordón umbilical y reconocer que nuestros hijos son adultos y ya papás, es cuando volvemos sobre nuestros pasos y vemos qué formación y qué valores les pasamos. Este momento, aunque esperado, siempre es sorpresivo y lleva una dosis de tristeza mezclada con satisfacción y alegría. Nosotros estamos en este punto; los hijos, Sonia y Raymond John, con sus hijos Lourdes y Matías han decidido trasladarse al Viejo Continente. Han medido sus fuerzas, han analizado su futuro y el de los niños y parten pronto a Alemania. Sonia ha aceptado un puesto en una compañía que le permitirá continuar su investigación sobre cáncer. Raymond John la apoya y alienta y ha aceptado ser «stay at home daddy» mientras aprende bien el alemán para aceptar ofertas de trabajo y mientras Matías es aceptado en el colegio ya que por su edad no puede entrar en enero. Lourdes empezará el colegio en enero y estará en primer grado. Vale decir que hace una semana que Sonia estuvo en Alemania, visitó el colegio público al que la niña irá, platicó con la Directora y con la maestra que la tendrá quienes le enviaron los textos que usará para que se familiarice con ellos. Estos tres últimos meses, Lourdes y Raymond John han sido «compañeros» estudiando juntos el alemán; hasta yo aprendí algo escuchando a la maestra y no digamos Matías; si le preguntan cómo está, contesta «sehr gut». Se trasladan de un país vasto en todo sentido a un país más pequeño, de una ciudad grande a un suburbio de Munich con treinta y cinco mil habitantes, del frenesí de la sociedad americana a una que vive a un ritmo más lento y que aprecia y valora el descanso y la vida familiar. De una casa amplia de un solo nivel, a una típica casa europea de Bavaria, donde la refrigeradora es del tamaño de la lavadora de platos pero donde los han aceptado con Max el perro de Matías, Napo, el de Lourdes y Misho el gato que compartió cuna con Lourdes. Sabemos que van con una actitud positiva, que saben que van a enfrentar nuevos retos pero también van ilusionados con aprender uno o más idiomas, con ser exitosos en sus profesiones, con conocer la historia, la cultura, la naturaleza, del continente que dio vida a América. Sonia y Raymond han llegado al punto en sus vidas en que darán a sus hijos lo aprendido en su niñez; corregirán y aumentarán sus experiencias. Se conocieron en Guatemala, iniciaron su vida familiar en Colorado, crecieron en sus profesiones en Florida y ahora buscan un mejor futuro en Alemania. A nosotros como padres nos toca apoyarlos, verlos crecer como una familia buena, unida y estable, sostenerlos en su fe y decirles que confiamos en ellos, que también sabemos que María Santísima los cuida y que cuando tengamos la oportunidad de visitarlos lo haremos. Sobre todo les diremos siempre que Dios no les fallará. Qué tengan una feliz y nevada Nochebuena.