Dramático es el caso. Impacta sobremanera el incalificable robo de niños que se lleva a cabo con fines comerciales en el país. Sin embargo, la capital representa el universo para quienes protagonizan en mayores índices el rapto de menores, de consiguiente queda enorme vacío en sus hogares, desesperados por su paradero.
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Mediante actitudes violentas como devenidas de la descomposición social imperante, o cuando no, consecuencia de la paranoia enseñoreada también de gente peor que bestias, consiguen sus insanos propósitos. La población recibe dichas acciones malévolas, presas de consternación en alto grado.
Es del dominio público que estos atentados en contra de los derechos del niño tienen realización en dos formas, según destacan los medios en primera plana. Arrebatados de brazos de sus progenitoras, inclusive secuestrados; en resumidas cuentas, desaparecidos del calor hogareño el rato menos pensado.
Esos incidentes muchas veces a plena luz del día, poniendo en práctica estrategias peliculescas causan pánico. Sobrepasan cualquier cálculo al respecto y desconciertan demasiado. Hasta dónde llega el proceder en mención que termina con la moral y ética, alejados por completo de tales por cuales delincuentes.
Por lo general quienes despojan de las manos de sus madres pertenecen al mismo género, como una ironía del destino; madres contra madres, no cabe en la mente. Pero en modo alguno se descarta la complicidad o autoría intelectual del género masculino, es decir para que haya de todo.
En un paréntesis necesario, cabe aludir los casos donde las mamás por razón de la sinrazón venden a sus hijos. Que tienen al calificativo de madres desnaturalizadas, nadie lo puede negar; empero, constituye un negocio en el bajo mundo que lastima las bases morales del conglomerado, sumamente preocupado.
La explosión demográfica que continúa en una carrera contrarreloj, influye en el sentido que la prole al crecer y crecer, recurren al procedimiento repudiable. Sin embargo, mucho más censurable viene a ser el papel que representan sin la menor duda, quienes compran a esos hijos no deseados.
En efecto, el panorama sombrío hace de las suyas a tiempo de cubrir ese mercado, digno de la era del hombre primitivo. Los delincuentes juegan la vuelta a cualquier investigación de rapto o secuestro de niños y niñas, por falta de acción de las autoridades competentes.
El segundo acto del drama referido en párrafos anteriores lo constituyen las adopciones que en el presente cobran, además de vigencia notoria, una mayor cuantía. Es un recurso utilizado con apariencia legal, para mediar al amparo de triquiñuelas y quedarse con los seres del mundo infantil.
Con sombradas razones organizaciones sociales exigen tanto al Ministerio Público como al Congreso de la República, actúen de inmediato en uso de las facultades inherentes a su cargo. En particular al organismo Legislativo, a fin que emitan algo indispensable, la Ley de Adopciones actualizada con el momento que se vive.
Incluyo un párrafo de carta dirigida a Juan Luis Florido, Fiscal General y Jefe del Ministerio Público, que Diario La Hora publicó el 19-11-07. Dice: «Aún con anomalías se están autorizando adopciones y con ello la salida del país de niños y niñas.» Más que elocuente y verdadero resultan dichos renglones.