Se perdió el control



Parte del proceso de liberación de la economí­a fue la creación de un sistema de abastecimiento de combustibles en el que el Estado renunció a toda capacidad de ejercer algún control sobre los precios. La teorí­a era que la oferta y la demanda fijarí­an el valor real del petróleo, pero quienes pensaron en esa idea, que abandonó la existencia de un fondo compensatorio diseñado para paliar momentos de crisis, no se dieron cuenta que en Guatemala existe un oligopolio conformado por las pocas empresas que se dedican a la importación del crudo y tampoco se entendió que siendo un producto extremadamente sensible por su impacto en todo el proceso económico, la renuncia a toda forma de control podrí­a tener consecuencias.

Ayer el director de Hidrocarburos del Ministerio de Energí­a y Minas dijo que no hay forma de evitar los incrementos que han llevado ya el galón a cifras de 30 quetzales en algunos expendios y que, según sus propias estimaciones, todaví­a seguirán produciéndose sin que se pueda predecir hasta donde llegaremos.

En el momento actual se dice que el incremento es porque el aumento de la demanda mundial sobrepasó la capacidad de producción de las refinerí­as. En otras palabras, no es que el crudo haya subido de precio, sino que fueron las petroleras que manejan el proceso de refinerí­a las que lo hicieron y por ello en todo el mundo hay valores que no son congruentes con el precio del petróleo crudo.

Quienes se están hartando con esta situación son las petroleras. En paí­ses como el nuestro, simplemente las autoridades se cruzan de brazos y, como alguna vez dijo el presidente Berger, si acaso le piden a Dios que no siga subiendo el precio. En otros paí­ses, sin embargo, se han puesto las pilas y el Congreso de los Estados Unidos, por ejemplo, ha legislado para contener la voracidad sin lí­mite de los abastecedores de las estaciones de servicio, dictando medidas para establecer cuál es el margen de utilidad que están teniendo las petroleras en esta crisis.

En Guatemala ni siquiera nos tomamos la molestia de averiguar qué está pasando y hay funcionarios que vinculan el alza a la «crisis del Medio Oriente», recurriendo al más trillado de los estribillos. Esta crisis es de carácter especulativo, simple y llanamente, provocada por las petroleras para incrementar sus ganancias y se aprovechan de la creciente debilidad de los Estados que de manera voluntaria decidieron renunciar a su poder regulador, lo cual indudablemente tuvo un precio que fue pagado con creces a los polí­ticos que les hicieron el favor de eliminar cualquier traba, control o regulación, para generar ya no un libre mercado, sino un sistema de total libertinaje en el que el consumidor se queda sin posibilidad de defensa. Cuando la codicia rompa el saco, vendrán nuevamente tiempos de regulación y forzarán al Estado a retomar su papel regulador.