Esta mañana la depresión tropical número 8 de la temporada avanzaba en aguas del Caribe bordeando la costa de Honduras con dirección a la costa guatemalteca en el departamento de Izabal y algunos expertos consideran que podría convertirse en tormenta tropical antes de ingresar a territorio de nuestro país en horas de la tarde del sábado o a más tardar en las primeras horas del domingo. Naturalmente el tema es en extremo preocupante porque hemos visto que no hace falta una enorme perturbación atmosférica para hacer estragos en un país con tan deficiente infraestructura y tanta pobreza, por lo que es imperativo que las autoridades tomen todas las precauciones necesarias para evitar desgracias.
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No se puede prevenir, lamentablemente, el daño a la infraestructura, sobre todo en las carreteras, puesto que lo que se hizo mal por efecto de la galopante corrupción que es característica de nuestra gestión pública no hay forma de preservarlo cuando viene un temporal. Pero en cuanto a las personas es indispensable que se apliquen las medidas de prevención indispensables para evacuar a aquellos que viven en puntos de alto riesgo que ya deben estar plenamente identificados no sólo por las características del terreno, sino por la saturación de agua que puedan haber sufrido en el transcurso de esta temporada de lluvias.
Yo he dicho que desde hace tiempo se tendría que haber conformado un eficiente sistema de comunicación utilizando el recurso de la telefonía celular que se ha popularizado tanto en el país, al punto de que se puede considerar como el mejor instrumento para enviar mensajes y orientar a la población sobre los peligros derivados de fenómenos naturales. Creo que las empresas telefónicas debieran estar dispuestas a proporcionar ayuda a Conred siempre y cuando esa institución tenga en realidad planes efectivos para mantener un sistema de alerta temprana a la población.
Cuba es un país que tiene gravísimos problemas económicos y que está expuesto todos los años al paso de terribles huracanes que cobran muchas vidas en otros países y muy pocas en Cuba. Eso es resultado de la existencia de sistemas de prevención eficientes que permiten a un país carente de recursos económicos la movilización ordenada y eficaz de los lugares de riesgo. Los daños económicos causados por las tormentas no se pueden evitar porque destruyen cosechas y viviendas, pero es obvio que se hace un gran esfuerzo, que resulta, además, muy efectivo, para evitar la pérdida de vidas humanas y eso es lo que tendríamos que plantearnos como objetivo fundamental en Guatemala.
Pasan las temporadas de huracanes y las políticas de prevención parecen ser las mismas, sin ideas nuevas, creativas e innovadoras para utilizar eficientemente la tecnología más moderna no sólo para detectar los riesgos del clima, sino para mantener informada a la población y orientarla cuando ocurre un desastre. Por supuesto que no es fácil el trabajo porque nuestra topografía y orografía son complicadas, pero precisamente por ello es que hace falta mucho más de lo que cajoneramente se hace puesto que está demostrado que todos los años, tormentas que no llegan a ser huracanes y a veces simples depresiones tropicales, son capaces de hacer verdaderos estragos en Guatemala y siempre con saldo lamentable en términos de vidas humanas.
Yo creo que en materia de clima no vamos sino para peor porque soy de los que piensan que hay notable indiferencia de la humanidad respecto al calentamiento global y por ello es que cada invierno resulta más irregular que el otro y con efectos más destructivos porque hay períodos de saturación de agua demasiado prolongados que aflojan la tierra donde se asientan muchas viviendas. Pero justamente porque mayor es el peligro y mayores las dificultades, más eficiencia hay que demandar de Conred.