La negativa de Fidel Castro a ser reelegido como presidente de Cuba, y la posible sucesión por su hermano Raúl mañana, inician esta semana cambios en la cúpula del poder que van más allá de un reacomodo de figuras, para iniciar la transición generacional.
Fidel, de 81 años y convaleciente de una grave crisis intestinal hace 19 meses, declinó el martes en un mensaje escrito seguir ejerciendo como presidente del Consejo de Estado (a su vez jefe de Gobierno) y Comandante en Jefe, cargos que ocupa desde 1976 que se instauró esa estructura de gobierno.
Pero el líder, que llegó al poder en 1959, nada dijo de su estratégico cargo de primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), «fuerza superior del Estado y la sociedad» -según la Constitución-, ni mencionó si, habilitado al ser diputado, aceptaría figurar solo como miembro de Consejo de Estado, cuerpo colegiado de 31 miembros que será elegido mañana.
Todo parece indicar que Raúl, de 76 años, y un aval de 19 meses en el Gobierno provisional, puede ser el sucesor en la Presidencia, pues también cuenta con una «legitimidad histórica», el apoyo de las Fuerzas Armadas (FAR) de la que es ministro desde 1959, y del PCC, del cual es segundo secretario.
En todo este reacomodo gubernamental, Fidel parece ser el director de orquesta. Ayer en un artículo reconoció: «Los días de tensión esperando la proximidad del 24 de febrero me dejaron exhausto».
«Estoy enfrascado ahora en el esfuerzo por hacer constar mi voto unido en favor de la Presidencia de la Asamblea Nacional y del nuevo Consejo de Estado, y cómo hacerlo», dijo ayer, en un llamado a la unidad.
Quizás lo más insólito de la movida dominical es que otro hombre, diferente a los Castro, ocupará una de las dos posiciones claves de Cuba: primer vicepresidente del Consejo de Estado, es decir, sucesor constitucional del número uno.
Todas las luces, incluyendo indirectas alusiones de Fidel en su mensaje de renuncia, apuntan a Carlos Lage, un pediatra de 56 años, vicepresidente del Consejo de Estado y secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (una suerte de premier), quien fue el artífice de las reformas de los 90 y luego apoyó a Castro en la centralización de 2003.
Lage es la cara más visible del Gobierno en el exterior desde que empezó esta década y más aún desde que enfermó Fidel, miembro del selecto Buró Político del PCC, con experiencia, salud y prestigio para las tareas de gobierno.
El paso de Raúl a número uno dejaría vacante la plaza de ministro de las FAR, para la cual hay cinco generales, miembros del Buró Político y Héroes de la República de Cuba, con prestigio por victoriosas campañas en Africa.
Dos de ellos ya tienen importantes ministerios: Abelardo Colomé (70 años) el de Interior, y Ulises Rosales (65) el de Azúcar.
Julio Casas, de 72 años, es en la nómina el número dos de las FAR, pero es el hombre de la retaguardia y la economía. Ramón Espinosa, a punto de cumplir 69 años, es jefe del Ejército Oriental y de mucho arraigo en sus tropas.
Por último, Leopoldo Cintras Frías, «Polito» como lo llama Raúl, de 66 años, es el jefe del importante Ejercito Occidental, el más joven y popular, con un amplio aval por su participación en la guerra en Angola y que muchos señalan como el mejor candidato.
Otra plaza que podría estar sujeta a cambios es la presidencia del Parlamento, ocupada ahora por Ricardo Alarcón, de 70 años, un experimentado miembro del Buró Político, quien podría regresar al Gobierno o a una posición de peso en el PCC.
Siguiendo una tradición que se inició con Raúl Roa, vicepresidente del Parlamento, y después con Alarcón, el canciller Felipe Pérez Roque, de 42 años, es visto por algunos como el próximo líder parlamentario.
Otros se inclinan porque ocupe una de las vicepresidencia del Consejo de Estado, pues dos de ellas quedarían vacantes, la de Lage y la de Pedro Miret, un histórico no reelecto en esta legislatura.