Ayer fue un día importante en la historia judicial del país por la condena a 40 años de prisión a los dos agentes de la Policía Nacional que realizaron el secuestro que permitió la posterior desaparición del dirigente sindical y estudiante universitario Fernando García, hecho que ocurrió durante el gobierno del general Humberto Mejía Víctores.
Falta, por supuesto, procesar y condenar al resto de policías y de militares que participaron en la ejecución del joven García, esposo de la hoy diputada Nineth Montenegro, quien desde el Grupo de Apoyo Mutuo que aglutinó a familiares de personas desaparecidas en el marco de la guerra sucia, libró una intensa lucha que había sido infructuosa hasta que los archivos de la Policía Nacional dieron luz sobre cómo fue que ocurrió el secuestro y desaparición de Fernando García.
Fueron años en los que se procedió de manera violenta contra miembros del sector popular por reales o supuestas vinculaciones con el movimiento guerrillero y la consigna fue la eliminación física de quienes fueran sospechosos. Durante años, familiares de desaparecidos han llorado a sus parientes sin idea de dónde fueron enterrados o qué hicieron con sus restos, situación que sigue afectando a la madre, la esposa y la hija de Fernando García, puesto que los archivos permitieron establecer cómo fue capturado y quiénes hicieron la captura, pero no ha quedado plenamente establecido qué ocurrió después.
Sentimos que especialmente en el caso de Fernando García el precedente es importante porque demuestra que la tenacidad de los familiares para insistir en la aplicación de la ley puede dar resultados. Los guatemaltecos tenemos demasiada desconfianza en el sistema judicial y por ello muchos prefieren contratar sicarios para cobrar venganza, en vez de agotar las tediosas y difíciles instancias procesales para alcanzar una sentencia que, en este caso, tomó 26 años para producirse. Es, entonces, una lección de que aún con nuestro muy imperfecto sistema judicial que está diseñado para proteger a cierto tipo de criminales, como los que cometieron excesos durante el conflicto, se puede alcanzar resultados si uno persiste en estar dentro del marco de la ley.
Las lágrimas que ayer soltaron la madre y la hija de Fernando García fueron un homenaje que le labraron a él a punta de tenacidad, de entrega y de convicción de que en el marco legal se podía lograr el castigo de quienes cometieron el delito de desaparecerlo por sus ideas. Y ojalá que los ciudadanos guatemaltecos valoremos esa lucha que empezó con tanta tenacidad Nineth Montenegro en los días posteriores al secuestro, y que ha empezado a dar frutos y que ojalá permita la captura y condena de los demás responsables.