En época de la Segunda Guerra Mundial, residía en el corredor Polaco, de la noche a la mañana, vivió el terror de ser perseguida y tener que aprender a sobrevivir la guerra. Fue baleada en las piernas por los rusos y estuvo a punto de que se las amputaran. Su madre desapareció, se supone que fue tomada prisionera y conducida a los Urales o a Siberia, para trabajar en las minas o en las industrias rusas.
alfonso.carrillo@meimportaguate.org
Salió de Guatemala a los 3 años con su madre y regresó a los 20 años después de haber vivido una pesadilla en la Segunda Guerra Mundial. En 1945 vivía con su hermana Rita y su señora madre, en la hacienda de su abuela. Las sorprendió la entrada violenta de las tropas rusas. La hacienda fue arrasada y todos se dispersaron.
Días después doña Marion sufrió graves heridas, varios proyectiles le atravesaron las piernas. Su hermana recibió impactos en una pierna y otras partes del cuerpo. Fueron capturadas por soldados rusos que las forzaron a caminar y conducirse con sus heridas. Finalmente al ver la gravedad de su estado las condujeron a un pueblo donde les hicieron una curación de emergencia.
Un oficial ruso debió haberse apiadado de ellas porque las llevaron a un hospital donde las operaron. Sólo un día estuvieron en el hospital, de ahí fueron llevadas a un campamento de prisioneros en Pomerania donde eran las únicas mujeres entre soldados y oficiales alemanes heridos.
Siete días recibiendo muy deficiente asistencia se debatieron entre la vida y la muerte y los médicos rusos querían amputarle a Marion ambas piernas. Doña Marion relataba que ella se opuso a que se las quitaran. Su resistencia venció y fue trasladada a otro campamento de concentración, donde permanecieron desde abril hasta agosto de 1945.
De ahí todos, en grupos, fueron reconducidos con distintos destinos, las hermanas Mombiela, dada la gravedad de sus heridas fueron enviadas de vuelta a Alemania, donde su familia avisó a su padre en Guatemala y gracias a gestiones del licenciado Villagrán fueron repatriadas.
El diario El Imparcial de aquella época publicó que doña Marion a los 20 años de edad, en 1946, regresó a Guatemala y al relatar su odisea decía: “todavía me parece haber salido de aquel infierno y tengo que abrir muchos los ojos para asegurarme que estoy en Guatemala, tierra llena de hermosura y de paz donde creo que comienza otra vez mi vida”.
Sus palabras con el tiempo se fueron reflejando en su pintura y esculturas y capturando las expresiones de gente de mayor edad y los colores que se encuentran en los trajes típicos.
Marion, con la formación y disciplina alemana, educó con el paso de los años a sus hijos. Al relatarles el pasado compartía la terrible angustia que sufrió con los horrores de la guerra en Europa. Su espíritu de lucha le permitió conservar ambas piernas y sobrevivir. Era positiva y no se quedó en el sufrimiento del pasado. Recordaba con dolor pero eso le permitió apreciar todo lo que le rodeaba como una bendición.
El recién pasado 29 de enero, Marion dejó de respirar sin nunca haber vuelto a saber de su madre. Mis condolencias a su familia.