Se fue Chávez, pero subió Maduro; ¡ya veremos qué pasa!


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Internacionalmente ha causado revuelo la muerte de Rafael Hugo Chávez Frías, quien, obedeciendo directrices de Fidel Castro, cambió el sistema de gobierno y, virtualmente, todo el contexto de Venezuela. Castro sigue siendo, tras bambalinas, el dictador que maneja dócilmente, a su hermano Raúl, su títere presidencial.

Marco Tulio Trejo Paiz


Chávez mantuvo un discurso ofensivo y amenazante contra lo que llamaba  “imperialismo”. Histéricamente vociferaba diciendo que el “imperio” debería desaparecer del mapa, lo que también pretenden sus aliados como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Irán y más de algún otro país involucrado en una conspiración antiestadounidense. Chávez se fue al mundo del silencio y de las sombras sin haber declarado el Estado Socialista que anunciaba.
El controvertido personaje que en vida se erigió en “dictador democrático”, como dicen sus apologistas; tuvo  hechos positivos y,  asimismo, muchos  negativos.
Estimamos pertinente dar pábulo a una pregunta: ¿Cuál será el curso que seguirá lo político-ideológico de la patria del Libertador (sin comillas) Simón Bolívar, ahora que Chávez ha comenzado a descansar inmerso en el sueño de la eternidad?  
 Ha llamado la atención el hecho de que, no bien habían principiado los homenajes póstumos, el viceministro en funciones del régimen “chavista”, Nicolás Maduro, apresuradamente corrió a ponerse de pecho a espalda la banda tricolor presidencial… Ni lerdo ni perezoso, ¿no?
Hay comentaristas que están externando opiniones sobre si Maduro está en el “trono” con todas las de ley o si ha conculcado la ley, sobre todo los específicos y claros preceptos constitucionales. En el ambiente internacional deambulan muchas sombras de duda al respecto. Significados constitucionalistas opinan que no puede ser presidente, y hacen razonamientos justificativos. 
Indudablemente, la herencia de Chávez para el nuevo mandamás que surja  es grande, y quién sabe si podrá lograr  importantes realizaciones en beneficio de un pueblo que, al menos al presente, se encuentra sin disfrutar las supuestas bondades de la llamada “dictadura democrática”…
Maduro debería principiar por dejar de lado el claxon de la demagogia y de la oratoria violenta, estridente, que caracterizó  a su desaparecido predecesor.
Si en las elecciones  le suena la flauta, debe eliminar la galopante corrupción, restituir la libertad de expresión, porque Chávez puso “¡show!” a la prensa independiente; además, debe tratar con respeto a los países democráticos para no afrontar problemas que pueden debilitar más, aún, las relaciones con los países del mundo en el que se respiran aires vivificantes, no asfixiantes…
Henrique Capriles, aspirante al guayabal, ¡podrá ser ¡un hueso duro para Maduro!!! Casi se le apareó a Chávez en las urnas.
  Las directrices castristas que obedeció Chávez a introducir reformas a la usanza soviética en sus dominios, merecieron total rechazo en lo nacional e internacional. Se trataba de lesionar los intereses y derechos de la gente representativa de la vida activa y productiva.
Decepcionados y enardecidos, alzaron vuelo medio millón de empresarios y miles de víctimas de la expoliación de tierras.
Nadie más que los venezolanos debe meter trompas y narices en los asuntos soberanos de Venezuela. Permitir intromisiones extrañas es reprobable y antipatriótico. El claudicante y apátrida puede caer como zapote pasado de maduro… 
Así, pues, Nicolás Maduro u otros que en lo venidero hayan de empuñar las riendas del poder, deben gobernar con los mejores propósitos apuntando a la diana del éxito de un país que, hace siglos, sufrió los zarpazos del colonialismo rapaz, causante de espantosas masacres, que sólo terminó por las acciones heroicas que patrióticamente realizó el Gran Simón Bolívar, cuya egregia figura exhiben por aquí y por allá, demagógica y taimadamente; lo mismo que la de José Martí los Castro en la Cuba comunista, y Daniel Ortega la de Augusto César Sandino en Nicaragua.