Se exhibe colección de arte de Yves Saint Laurent


Algunas de las obras maestras que decoraron la casa del rey de la moda Yves Saint Laurent, fallecido en junio pasado, y de su inseparable pareja y socio Pierre Bergé, se exhiben desde el jueves en la casa Christie»s en Londres, antes de su subasta en febrero en Parí­s.


Entre los tesoros de esta colección -una de las más «asombrosas», según Christie»s- figuran desde cuadros de Matisse, Duchamp y Mondrian hasta esculturas romanas pasando por piezas de orfebrerí­a del renacimiento alemán, muebles Art Decó y libros valiosos.

El remate de 733 obras coleccionadas durante más de cuatro décadas por Saint Laurent y Bergé -que se vaticina será «una de las grandes ventas de este siglo»- podrí­a recaudar entre 200 y 300 millones de euros (entre 260 y 400 millones de dólares), indicó Thomas Seydoux, uno de los directores del departamento internacional de Christie»s.

«Es la más fantástica yuxtaposición de objetos que he visto jamás», exclamó Jonathan Rendell, presidente adjunto de Christie»s America, durante la presentación de algunas de las piezas estrellas.

Rendell contó que habí­a quedado asombrado al visitar los departamentos de Yves St Laurent y Bergé, en Parí­s. «Todo lo que habí­a era de una calidad excepcional», dijo.

Entre las pinturas que se exhiben en Londres figura «La Tasse de Thé» de Fernand Leger (1921), estimada entre 10 a 15 millones de euros (13 a 19 millones de dólares) y un bello cuadro de Henri Matisse, «Le Coucous, tapis bleu et Rose» (12 a 18 millones de euros, 18 a 23 millones de dólares).

También viajaron a Londres un cuadro de Picasso, «Instruments de Musique sur un gueridon» (25-30 millones de euros, 32-39 millones de dólares), una composición de Mondrian que perteneció al director de cine Otto Preminger (7-10 millones de euros), lámparas Art Decó, piezas de orfebrerí­a y una escultura romana que tiene 20 siglos.

«Saint Laurent y Bergé eran coleccionistas serios. Se dejaban asesorar, pero sabí­an lo que querí­an. Por ejemplo, compraron una escultura de Brancusi cuando casi nadie sabí­a quién era. Se centraron en la calidad, el origen y el estado de conservación de las piezas. Y jamás negociaron el precio de algo que querí­an, aunque a veces pidieron pagar a plazos», contó Sexdoux.