Se debiera empezar por enseñar a manejar


¿Torpes, abusivos, delincuentes… cómo calificarí­a usted a un motorista repartidor de periódicos que a las cinco de la mañana anda sin luces y en contra de la ví­a de una concurrida avenida? y ¿Qué dirí­a de un conductor de camión basurero que atraviesa un crucero con el semáforo en luz roja a la misma hora? Lo primero que se me ha venido a la mente es, aparte de mentarles toda la parentela, darles los peores calificativos, pero yendo a fondo de las razones que los induce a cometer tales atentados en contra de su propio bienestar y existencia, es que nadie les ha enseñado a medir las consecuencias que se derivan de su irresponsabilidad e incapacidad de conducir un vehí­culo.

Francisco Cáceres Barrios

Y es que si usted hace un listado de las barbaridades que aprecia y sufre a cada instante, serí­an insuficientes las páginas de La Hora para darle cabida a los motoristas que se creen dueños de las aceras para subirse o de las calles para zigzaguear entre el intenso tráfico o violar los lí­mites permitidos de velocidad por el simple prurito de demostrar que es «comida rápida» la que llevan consigo. Lo mismo o peor sucede al ver camiones de pequeño y mediano tonelaje que, por el solo hecho de llevar a la par a un policí­a privado con la escopeta por fuera de la ventanilla, se sienten con el poder de hacer cuanto se les antoje.

Todo apunta a que la estupidez, violencia, imprudencia o abuso con que se maneja en Guatemala no podrá evitarse, al contrario, existen todas las caracterí­sticas para que prolifere y aumente hasta el punto de hacer imposible conducir un vehí­culo automotor sin correr todo tipo de riesgos. Haga usted mismo su propio análisis por el lado que mejor le plazca e irremediablemente caerá siempre en el mismo punto: llevamos años sin tener educación, formación, capacitación o adiestramiento. Las mentadas «escuelas» siguen siendo una farsa. A los aprendices no les enseñan ni dónde queda el pideví­as, mucho menos para qué sirven. ¿En dónde quedaron las elementales normas de cortesí­a, respeto y cumplimiento de las leyes vigentes en el paí­s?

¿Culpa de quién? Alguno podrá decir que todo se debe a que los gobiernos centrales se han hecho de la vista gorda o que ha sido tanta su incapacidad que no han podido organizar las entidades responsables de evitar tanto accidente. Otro opinará que su Muni sólo ha sido capaz de agarrar brocha y pintura para dejar de «verde chilero» cuanta cosa se le pone enfrente, como ponerle chalecos hasta los que barren. Pero sea por incapacidad, indolencia o irresponsabilidad, el manejar un vehí­culo hoy en dí­a en Guatemala, es cosa de Padre y Señor Mí­o. Es por ello que les ruego disculpar mi insistencia, si se quiere ¡terquedad!, pero pregunto: ¿Qué están esperando las autoridades para educar, capacitar o entrenar a quienes con un timón en las manos se vuelven homicidas?