Al anular dos controvertidas decisiones contra el Hezbolá, el gobierno libanés calmó un poco la situación, pero está en posición de debilidad frente al poderoso partido chiíta para solucionar la crisis política que afecta al país desde hace 18 meses.
Anoche el gobierno anuló dos medidas anunciadas el 6 de mayo para contrarrestar la influencia del Hezbolá, principal partido de la oposición, que en los últimos días desencadenó la ola de violencia más sangrienta desde la guerra civil (1975-90), con 65 muertos y 200 heridos.
Saludada en las calles de Beirut con disparos de júbilo nocturnos, esta decisión desactivaría al menos provisionalmente las tensiones.
El gobierno, obligado a ceder bajo presión, se encuentra en posición de debilidad creciente para negociar una salida a la crisis, mientras una delegación de la Liga írabe continúa hoy la mediación iniciada ayer en Beirut.
Esta delegación encabezada por Qatar, país que tiene muy buenas relaciones con la oposición libanesa, debía entrevistarse con una delegación del Hezbolá y trataba de ajustar un plan para la reanudación de las negociaciones entre mayoría y oposición.
«El gobierno registró un peligroso precedente al retroceder bajo fuerte presión. Esto significa que en el futuro, la oposición podría recurrir a medios parecidos», dijo Osama Safa, director del Centro libanés de estudios políticos.
«El mensaje transmitido con esta decisión, es más que una medida de estabilidad es signo de debilidad. Justifica la decisión del Hezbolá de lanzar una campaña de desobediencia y enfrentamientos», subrayó el analista político Amal Saad-Ghorayeb.
Para este especialista del Hezbolá, la anulación de las medidas «da poder a la oposición y muestra que la fuerza es la única manera de actuar con el gobierno».
Comprometido desde hace 18 meses en un forcejeo con el Hezbolá, que reivindica para la oposición una influencia creciente en las esferas de poder, el gobierno deseaba investigar sobre una red de telecomunicaciones paralela instalada por el partido chiita, por lo que decidió destituir al jefe de la seguridad del aeropuerto de Beirut, presentado como cercano al Hezbolá.
Ambas medidas, recibidas por el Hezbolá como una «declaración de guerra», desencadenaron una ola de violencia intercomunitaria.
Hombres armados de la oposición chiita tomaron por asalto el oeste de Beirut, defendido por los partidarios sunitas del gobierno.
Tras dos días de combates, el ejército congeló el 10 de mayo las medidas gubernamentales y los hombres armados se retiraron de las calles, una calma frágil que no impidió otros combates en Trípoli (norte) y en la montaña drusa (sureste).
La oposición continúa además su campaña de «desobediencia civil», en espera de la anulación oficial de las medidas gubernamentales.
Hoy por la mañana continuaba el bloqueo por parte del Hezbolá de la carretera que lleva al aeropuerto de Beirut, cerrado al tráfico comercial desde el 8 de mayo.
Las conversaciones de la Liga árabe tienen ahora como finalidad buscar un «acuerdo global» que incluiría el fin de la campaña de protesta así como un retorno a la mesa de negociaciones de la mayoría libanesa antisiria, apoyada por los occidentales y los países árabes y de la oposición, apoyada por Siria e Irán.
Las negociaciones, que podrían llevarse a cabo en Qatar, tomarían como base una iniciativa de la Liga árabe para la solución de la crisis libanesa.
Esta iniciativa prevé la elección a la presidencia del país del jefe del ejército, general Michel Sleimane, la formación de un gobierno de unidad nacional y la elaboración de una ley electoral con miras a las elecciones de 2009.