Se atacan los efectos y no las causas


Miguel-Saquimux-2012

El tema que empaña la administración pública en América Latina, es la corrupción. Se habla mucho de esto, incluso, se sabe que ha existido desde épocas en las que nacieron las primeras Repúblicas, desencadenando así en una evolución de la misma a lo largo de la historia.

Guatemala es un país en el que se ha enquistado preocupantemente la corrupción, expresada de varias maneras y en distintos ámbitos de la sociedad.

Miguel Saquimux Contreras


Al parecer, estamos ocupados en combatir lo anterior, con paquetes de leyes acompañados de los endurecimientos de castigos a los que se declaren culpables de algún delito relacionado. No dudo de las buenas intenciones por combatir este agravante, sin embargo, a estas alturas de la vida es poco o nada lo que se puede hacer por las personas que han hecho de la corrupción, su forma de vida y su palanca de despegue al “triunfo personal”, promoción de posiciones sociales, o simplemente una herramienta para lograr el bienestar económico.

    Lo anterior, es oportuno afirmarlo, puesto que, los profesionales de la psicología sostienen que una persona adquiere los valores que regirán sus acciones, en los primeros nueve o diez años de vida aproximadamente. Lo cual significa, que una persona de veinte años o más, es un caso perdido de no haberse inculcado los correctos valores, aunque, debe recordarse que toda regla tiene su excepción, es decir, que la misma vida logra en algunas situaciones cambiar comportamientos fundamentales en las personas.

    Entonces, después de saber algunos datos mínimos e importantes, es imprescindible preguntarse lo siguiente: ¿qué estamos haciendo como sociedad para revertir esta situación? A lo que puede responderse que casi nada, porque cada día los padres y madres de familia se encuentran con menores capacidades, económicas, morales y psicológicas para inculcar correctos valores a los futuros ciudadanos guatemaltecos.

    Al referirse a las mermadas capacidades económicas, es adecuado mencionar que la necesidad de aumentar los ingresos de las familias, provoca que ninguno de los cónyuges tenga una participación total en la formación de los hijos e hijas. Por otra parte, vivimos en una “cultura de la tolerancia”, en donde las personas aceptan excesivamente las faltas que se hacen a la moral, constituyendo así una fuente de adopción de malas prácticas. Por último, la mayoría de progenitores, no han llegado a su madurez psicológica, dado que, en nuestro país gran cantidad de los mismos se convierten en jefes de hogar sin alcanzar adecuados niveles de discernimiento.

    No dudo que existen respetables servidores públicos, pero, tampoco dudo que si se siguen atacando los efectos de la mala formación en el hogar con leyes y castigos, será poco o nada lo que se logre, puesto que en Guatemala ya está elaborada la trampa sin siquiera haberse aprobado la ley.

    Por último, realicemos una autoevaluación y meditemos acerca de lo que practicamos cotidianamente, puesto que, no forzosamente se debe llegar a un cargo público para ser poco honorable. A manera de auto reflexión, deseo citar y compartir frases que utilizaban dos de mis profesores universitarios, y ellos decían lo siguiente: “educa al niño para no castigar al hombre…” y “no necesitas ser presidente para ser corrupto, desde el momento que te adelantas en la fila del banco ya lo eres…” muy ciertas, a tal punto de ser lacerantes para los que hacen esto.