Se agrava la crisis


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Al rosario de problemas que hacen más negro e incierto el futuro de nuestra nación, ayer se nos vino a sumar el hecho que unos reos destrozaron la prisión de “máxima seguridad” dado que los ocupantes de la misma exigían, entre otras cosas, la prolongación del horario de visita y mejor calidad de comida; ésta es la misma cárcel que ya estuvo en el ojo del huracán porque la usaron para hacer un negoción que se gestó en la etapa de construcción hace algunos años.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


No hay duda que independientemente de si son hechos orquestados con algún fin, el Sistema Penitenciario está atravesando por una agudización de su crónica e histórica crisis y el secuestro que los poderes ocultos han hecho del sistema es más que evidente. Solo este año han muerto varios funcionarios y agentes de presidios y los guardias están dispuestos a ir al paro si no les mejoran las condiciones en las que se juegan la vida todos los días.

No podemos decir que los problemas del Sistema Penitenciario sean solo culpa del Gobierno del PP, porque todos sus antecesores han fallado en esa tarea, incluso cuando fue la toma de Pavón en el 2006 y que es recordada por todos, dado el caso penal que se sigue hasta la fecha.

Pero las terribles deficiencias de un sistema que perfecciona al delincuente vienen a estallarle a un Gobierno que no da pie con bola en muchas cosas, salvo en algunos negocios importantes como lo fue el tema del puerto y otros asuntos que les interesan para satisfacer intereses particulares, pero que le han costado demasiado caros políticamente y los que han sido suficientes para que la gente vuelva a perder la falsa esperanza que adquieren tras la elección que ocurre cada cuatro años.

Y es que al gobierno del PP le haya reventado el problema de presidios es un pésimo mensaje porque ellos ganaron, en medio del desprestigio y falta de credibilidad que afecta a todos los políticos, porque su propuesta de mano dura cuajó en un país que estaba y está agobiado por la violencia y ahora la sociedad se da cuenta que no hay tal de mano dura porque primero el tema es muy complejo y segundo, porque el Gobierno, por andar haciendo negocios, desperdició casi todas sus municiones en satisfacer a unos pocos.

Este Gobierno, como todos, apaga fuegos, pero como ha pasado siempre, es incapaz de disipar los mismos, porque sus máximas autoridades no están pensando en el largo plazo, sino quién se queda con el próximo negocio, en ver cómo satisfacen los compromisos de campaña, cómo pagan obras ilegales, quién se queda con la secretaría del partido, quién será el próximo candidato y al final, cómo pasan el chaparrón sin mayores sobresaltos.

Cabe la posibilidad que los problemas del Sistema Penitenciario puedan ser causados por una mano interesada en la desestabilización, pero por las razones antes expuestas y por la obsesión de hacer negocios, el Gobierno no tiene credibilidad alguna para que la gente piense una cosa distinta a que éstos son una camada más de políticos que se prepararon para ganar una elección y no para gobernar un país y que por tanto, no podemos esperar soluciones de fondo.

No hay semana de Dios que no surja un escándalo, algo dudoso, algo turbio. Como país nos vienen fechas duras, momentos críticos y una vez más es momento que los ciudadanos juguemos nuestro papel no solo para que el Gobierno cumpla, si no para lograr un cambio profundo de la reglas de juego y de un sistema que está hecho para esto, para sacar ventaja sin importar si son empresarios de Ferragamo o reos de a pie, porque al fin y al cabo, todos buscan beneficiarse y lo terminan logrando.

Lástima que el Gobierno, por hacer negocios, no tenga capacidad moral para liderar un cambio de sistema que tanto daño nos ha hecho y que ha beneficiado a muchos a lo largo de los años, incluidos ellos.