Dictó Marx hace tiempo que la sed de acumulación bajo el capitalismo no tiene límites y justamente es su motor fundamental, el afán de lucro que a su vez lleva inevitablemente a la contradicción fundamental del sistema, la negación entre el carácter social de la producción y la forma capitalista privada de la apropiación de los resultados del trabajo. Hoy día la manufactura de las maquilas en la China y otros lugares, de producción de ropa y zapatos para la sociedad estadounidense y europea, se convirtió en un excedente de dimensiones sin parangón que rebalsó la capacidad de consumo de los propios consumidores, y no por ello deja de existir pobreza en dichos lugares. Ese desborde fue aprovechado y empacado en bultos que luego serían enviados a países como éste para seguir obteniendo plusvalor de dicho excedente y se crearían las llamadas «pacas», término que se usa popularmente para fardos inmensos de ropa sobre todo, que en un inicio era usada o de segunda, y hoy incluye nueva descartable, porque justamente las pacas representan la prueba de lo que se intentaba decir arriba, los capitalistas procuran ampliar incesantemente la producción, aunque ello signifique superar la capacidad de consumo. En otras palabras, se produce más de lo que se puede consumir, hay una gula de producción que es ambición descomunal de lucro.
El escenario de las depresiones económicas mundiales, ofrece condiciones pertinentes para observar la contradicción entre producción y consumo. í‰ste se reduce o se retrasa sobre la producción y grandes cantidades de mercancías se quedan sin compradores, pero a la vez, las masas empobrecidas se ven incapaces de comprarlas por su misma situación. He ahí la esencia de la paradoja de un sistema que en el impulso vital de producir, encuentra su misma posibilidad de destrucción o negación. La crisis financiera global es la reproducción de esta contradicción de manera exacerbada.
Por otro lado, resulta interesante observar el consumo de estos excedentes de la producción capitalista mundial, en países como Guatemala donde el Estado es desnutrido, la burguesía es opulenta y reaccionaria, la pequeña clase media es egoísta, y las masas empobrecidas son «cohesionadas». Cuando empezaron a arribar las pacas, éstas se constituyeron en alternativa real al alcance de los más pobres para obtener calzado y vestimenta; con el tiempo lo que eran pequeños negocios individuales se transformaron en megacomercios y las pacas, bultos que se venden por peso, se convirtieron en lugares de visita de la clase media aspiracional, que en su afán hedonista olfateó la siguiente relación: producto de marca original a bajo precio igual a satisfacción personal. Lo que para el pobre era la ocasión de calzado y vestido barato para el clasemediero fue la oportunidad de obtener la marca, sea Mango, Aeropostale, Levi´s, Abercrombie, Gap u otras. Las pacas se han convertido en un negocio creciente y diversificado; si usted quiere abrir su tienda de paca existe la casa de las pacas que en una suerte de distribuidora, le provee su bulto de ropa, zapatos y demás baratijas nuevas y usadas en buen estado. Las pacas se han diversificado por tamaño, por producto y por procedencia, de tal manera que se las encuentra de zapatos o de ropa de niño y en cada cual usted encuentra amplia variedad. Además de las pacas casi artesanales que se les encuentra en la zona uno o cualquier cabecera o pueblo en los departamentos, están las megapacas, lugares ya con una organización especializada y dimensiones que les han obligado a extenderse y volverse cadena. Finalmente merecen unas últimas líneas las pacas como negocio de instituciones asistencialistas religiosas, que venden ropa usada o exceso de producción para destinar el monto a su obra de fe, es el caso de la organización Remar que tenía vestidas a las mujeres de Mango por toda la ciudad, para mantener niños de la calle. En resumen, lo que el mundo capitalista desecha por exceso de producción o por consumismo, en el mundo precapitalista se consume por pobreza o por aspiración. La contradicción yace ahí agudizando las condiciones para la degradación de la era del sistema capitalista.