Durante la primera presidencia de í“scar Arias en Costa Rica, el gobierno de Guatemala, presidido por Vinicio Cerezo, tomó la iniciativa de plantear el proceso de paz en la región conocido como Esquipulas porque en esa religiosa villa se produjo la reunión de los gobernantes centroamericanos convocada cabalmente por Cerezo. Con el paso del tiempo, el presidente de Costa Rica que tuvo una participación más bien limitada en el empeño, logró vender de tal forma su actuación y la cancillería tica hizo tan buen trabajo que terminó recibiendo el Premio Nobel de la Paz como si él hubiera sido el impulsor del proceso.
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Recuerdo el malestar que no pudieron ocultar los funcionarios de Cerezo cuando se conoció la nominación de Arias para el Nobel de la Paz por sus «aportes» a la negociación en Centroamérica, en ese tiempo región sumamente convulsa porque era escenario de varias de las llamadas guerras de liberación que libraban grupos guerrilleros en contra de los gobiernos constituidos. Y con algunos de ellos comenté que más que mérito de Arias había que ver el trabajo chambón de la diplomacia guatemalteca que no supo explicar adecuadamente el papel que el gobernante nuestro había tenido con el diseño de su política de neutralidad activa que le permitió operar en contra de una línea muy dura de Washington que no quería aventuras como la de Esquipulas.
Hoy, a media mañana, leo un cable fechado en Tegucigalpa en el que el gobernante de facto Roberto Micheletti anuncia que í“scar Arias, el Presidente de Costa Rica, ha aceptado ser mediador para buscar una solución a la crisis política de Honduras y sin duda que el Premio Nobel de la Paz usará todos sus buenos oficios para avanzar mucho más de lo que ha logrado hasta ahora el colectivo de la comunidad internacional. Me imagino que encontrará fuerte resistencia de los países del ALBA, pero no me cabe duda de que flexibilizará la postura de la OEA que hasta ahora ha sido totalmente intransigente y que su penduleo puede superar el estancamiento que hasta ahora ha caracterizado esa crisis en el vecino país.
Era más que evidente que la situación en Honduras se había estancado y que ninguna de las partes estaba en condiciones de proclamar triunfo porque mientras Zelaya goza de apoyos externos, carece de facultades para asumir el control de las instituciones de su país, en tanto que el espurio presidente Micheletti tiene el control de la institucionalidad interna, pero enfrenta un rechazo unánime de la comunidad internacional que no le permite consolidar su gestión de gobierno.
Ante ese nudo indescifrable, el diálogo y la negociación se veían ya como una necesidad que tendría que ser acogida por las partes con algunos matices, pero entendiendo que sin alguna forma de diálogo no podrían salir del estancamiento. Y es en ese momento en el que se impone la habilidad de í“scar Arias, quien no sólo sabe jugar sus cartas sino también tiene un alto sentido de la oportunidad y ofreció sus oficios justo en el momento en que parecía más viable que los dos interlocutores estuvieran necesitados de una opción para avanzar en la crisis.
Mientras otros decidieron avanzar en una línea sin opciones diferentes, Arias atalayó el momento oportuno que le vuelve a colocar como el estadista regional con experiencia para llevar luz a sus inexpertos colegas.