«Sandra Torres es un ejemplo del mal, una muestra oprobiosa de ambición, violencia y lujuria. Es uno de esos seres que jamás deberían haber nacido en nuestra patria». Así escribió Hugo Arce en uno de sus últimos artículos con respecto a la actual Primera Dama de Guatemala. Ese artículo me lo acaba de reenviar un primo, representante conspicuo de las clases medias urbanas acomodadas del país. A casi tres años de la muerte de Hugo Arce, su artículo en contra de Sandra Torres ha empezado a circular nuevamente por correo electrónico en una de esas cadenas que se usan en las guerras sucias que comienzan en los períodos preelectorales, las cuales llegan a su clímax cuando se están viviendo ya las campañas electorales. Me ha llamado la atención que al final del artículo de Hugo, quien inició la cadena que recorre los espacios del correo electrónico haga la siguiente glosa: «Pobrecito, por esto lo mataron».
Quiero aprovechar la oportunidad para decirles a los lectores de La Hora que Hugo Arce fue un entrañable amigo en mi primera juventud. Fuimos compañeros de estudios en el bachillerato que ambos hicimos en el ya desaparecido Instituto Modelo. Guardo muchos de los artículos que a lo largo de su vida de columnista escribió, y con emoción veo que en algunos de ellos no perdió la oportunidad para recordarme con afecto y admiración. Su muerte me conmocionó y me hizo evocar las conversaciones, las sesiones de estudio compartidas, la admiración que también compartíamos por nuestro maestro Juan Luis Molina Loza, las fiestas, los amores incendiarios que nos relatábamos, la comunicación epistolar que mantuvimos cuando yo ya estudiaba en México y él lo hacía en Brasil. A pesar de que no lo veía desde hace muchos años, su muerte que me comunicó Carlos Arzú otro compañero de la promoción 1969, me ocasionó gran pesar. Sin embargo, algo advertí desde el primer momento. Su muerte empezó a ser usada políticamente y de manera explícita o implícita su deceso empezó a ser adjudicado al entorno inmediato de la pareja Colom-Torres. Cuando en mayo de 2009 vino la crisis que ocasionó la muerte del abogado Rodrigo Rosenberg, no pude sino evocar el escándalo de menor cuantía que había provocado la muerte de Hugo. La diferencia entre el caso de Hugo y de Rosenberg era que este último había dejado un video en el cual de manera explícita decía los nombres de aquellos que lo iban a asesinar y entre ellos se mencionaba al presidente Colom, Gustavo Alejos y Gregorio Valdés. La minuciosa investigación de la CICIG demostró que las afirmaciones de Rosenberg eran falsas y que el asesinado de éste había sido planificado por él mismo. El gobierno salió airoso de una crisis en la que ya se hablaba de un golpe de estado y posteriormente el caso Rosenberg se fue desinflando para tener su remate final en el dictamen de la CICIG.
Pero la crisis provocada por la muerte de Rosenberg reveló que había fuerzas poderosísimas que conspiraban contra el gobierno. Que estas fuerzas tenían su corazón en la gran cúspide empresarial del país y se irradiaban sobre las clases medias altas y otros estratos medios del país. Desde los meses finales de la campaña electoral de 2007 la figura de Sandra Torres no ha dejado de ser satanizada. Ambición, violencia, y lujuria fueron palabras usadas por Hugo en su artículo.
Pero en la red a menudo circulan chistes acerca de ella, acerca de su físico, y se propaga la imagen de una mujer autoritaria, abusiva, irrespetuosa. En el imaginario ladino es ampliamente aceptada la figura del hombre fuerte como gobernante, pero resulta intolerable la figura de la mujer fuerte en la misma situación. El correo con el artículo de Hugo Arce hecho circular cuando su autor lamentablemente ya no existe, me anuncia el linchamiento mediático que vendrá si Torres se convierte en candidata presidencial. Todavía no sé si el odio oligárquico que genera su figura tiene asideros reales, pero lo que sí sé es que la derecha nunca se equivoca cuando escoge a su enemigo principal. Y no es la primera vez que he asistido a una guerra sucia con apoyo mediático: la vi en plenitud cuando en las elecciones de 2006 la cúspide empresarial declaró a Andrés Manuel López Obrador, «un peligro para México».
Pero nada nuevo ocurre bajo el sol. En el año 133 a.C., el patriciado romano declaró al Tribuno de la Plebe e impulsor de una reforma agraria, Tiberio Sempronio Graco, «el enemigo de Roma». Difundió esa propaganda negra por la capital romana, la cual culminó con el asesinato a mazazos del tribuno junto a 300 de sus seguidores. Los patricios le negaron a Tiberio Graco incluso un honorable funeral, algo muy valorado por los romanos. Su cadáver fue lanzado al río Tíber.
Hoy por fortuna, linchamientos y muertes muchas veces son mediáticos y políticos. Y hago votos porque el correo que recibí sea una golondrina que no hace verano.