La derecha del presidente francés Nicolas Sarkozy obtuvo una cómoda mayoría en las legislativas del domingo y se prepara para poner en práctica un ambicioso programa de reformas, reorganizar el ejecutivo y gobernar frente a una fortalecida e inesperada oposición de izquierda.
La victoria de la UMP, el gran partido conservador francés, que obtuvo 318 escaños sobre un total de 577, era un hecho anunciado y es un triunfo innegable, pero sin embargo deja un regusto amargo entre sus protagonistas.
Seis semanas después de ser elegido presidente, Sarkozy soñaba con conseguir una mayoría abrumadora en la Cámara de Diputados y su victoria no está a la altura de estas expectativas, sobre todo porque su formación contará con 41 diputados menos que en la Asamblea saliente.
«El sí pero… de los franceses», titulaba el lunes el periódico conservador Le Figaro. «La derecha recibe un izquierdazo», resumía el diario de izquierda Liberation. «Una advertencia para Sarkozy», zanjaba el vespertino Le Monde.
Por su parte, los socialistas tendrán 190 diputados frente a los 149 de la Cámara saliente. Sumados los diputados de partidos aliados minoritarios, la izquierda podría llegar a 227 escaños.
«Por una vez, el Parlamento, y no las calles de Francia, será escenario de discusión de los temas importantes. La insatisfacción podrá expresarse en las Cámaras y será escuchada», celebraron los analistas el lunes.
La amargura patente en la derecha es todavía mayor si se tiene en cuenta que el número dos del gobierno y titular de Ecología, Alain Juppé, considerado el «más brillante» del equipo de gobierno, fue derrotado en su circunscripción de Burdeos (suroeste) y anunció que presentará su dimisión.
«Lo que ocurrió el domingo no es un fracaso, ya que Nicolas Sarkozy tendrá una mayoría clara, pero es una advertencia. La izquierda no ha perdido su capacidad de reaaccionar y movilizar», según los analistas de Le Figaro.
Una abstención récord, que superó el 40%, un deseo de reequilibrar los poderes pero también la polémica sobre un aumento del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) anunciado por la derecha entre las dos vueltas de las legislativas se sitúan entre las causas principales de esta mitigada victoria de la UMP, según sus líderes.
Para bien o para mal, con las legislativas del domingo se cierra un intenso ciclo electoral en Francia y comienza el tiempo de la acción y la realización de las promesas electorales, tanto de la derecha en el poder como de la oposición.
Como estipula la ley, el primer ministro, Franí§ois Fillon, presentó el lunes a Sarkozy la dimisión de todo su gobierno y recibió el encargo de formar uno nuevo.
En la práctica, todos los ministros serán mantenidos en sus cargos salvo Juppé, para el que habrá que encontrar un sustituto. Además, serán nombrados varios secretarios de Estado nuevos, que podrían pertenecer a diferentes tendencias políticas, un signo más de la «apertura» que pretende instaurar el nuevo jefe de Estado.
Una vez se confirme el gobierno, el programa de reformas anunciado por Sarkozy comenzará a ser una realidad. En la agenda de los diputados está ya un paquete de normas fiscales de corte liberal que incluirá reducciones de impuestos considerables para quienes compren una casa, hereden o decidan trabajar más horas que las obligatorias.
Además, Sarkozy desea someter al visto bueno del Parlamento nuevas reglas sobre inmigración, concretamente para regular más severamente la reagrupación familiar así como instaurar una ley más severa contra los delincuentes reincidentes.
Para debatir estos proyectos, los diputados elegidos el domingo se reunirán en sesión extraordinaria en julio.
Por su parte, los socialistas, aliviados tras su honorable derrota, no deben encontrar nuevas excusas para atrasar su reforma interna, imprescindible para adaptarse a los nuevos tiempos y reconciliarse con sus electores.
Su primer secretario, Franí§ois Hollande, que dejará su cargo en 2008, garantizó el lunes que la batalla por su sucesión «no se ha abierto» y pidió «unidad» entre los socialistas.
Sin embargo, la noticia de la separación de Hollande y la ex candidata socialista en las presidenciales y posible aspirante a secretaria de la formación, Ségolí¨ne Royal, anunciada justamente el domingo tras el cierre de las oficinas electorales, muestra claramente que la guerra por dirigir el partido y reformar sus bases, puede no haberse declarado pero de hecho ya ha comenzado.
La nueva Asamblea nacional francesa seguirá siendo muy «blanca» y muy masculina, ya que en las elecciones legislativas del domingo ningún candidato de origen africano o magrebí fue elegido en la Francia metropolitana, donde sí habrá que celebrar una mayor presencia de mujeres diputadas.
Francia, primer destino de la inmigración en Europa, no imitará a países como Gran Bretaña, donde 15 parlamentarios sobre 646 pertenecen a minorías, o Alemania, que cuenta con tres diputados de origen turco y uno de origen iraní.
Entre los 22 diputados elegidos en los territorios de ultramar franceses sí hay 15 políticos de raza negra.
Pero en los 555 escaños que corresponden a la Francia metropolitana, hay una única excepción: la abogada George Pau-Langevin, de raza negra, elegida diputada socialista en París.