Santo Tomás de Aquino
Viajó mucho, primero como estudiante y luego como profesor de Montecassino. Cautivado muy pronto por la «sublime verdad» de Dios, consagró todas sus fuerzas a la contemplación del Misterio, aguzando sin cesar el doble instrumento que el Señor había colocado a su disposición: su inteligencia de hombre y su fe de cristiano transida de amor. Si bien es cierto que escribió y enseñó, lo hizo para comunicar a los demás los resultados de sus descubrimientos e incitarles en la única tarea que existe conforme a la medida del corazón del hombre: la búsqueda de Dios.
Muere santamente el año 1274. Se celebra la memoria de Santo Tomás de Aquino el 28 de enero, que es aniversario del traslado de su cuerpo al convento de los Dominicos de Toulouse (1369).