SANTORAL



San Alejo

Era hijo de un rico senador romano. Sus padres le enseñaron con la palabra y el ejemplo que las ayudas que se reparten a los pobres se convierten en tesoros para el cielo y sirven para borrar pecados. Por eso Alejo desde muy pequeño repartí­a entre los necesitados cuanto dinero conseguí­a. Huyó de la casa, vestido como un mendigo y se fue a Siria dedicado a la adoración y a la penitencia; mendigaba para él y para los otros muy necesitados por eso la gente lo llamaba «el hombre de Dios». Lo que deseaba era predicar la virtud de la pobreza y la virtud de la humildad.