Nuestra Señora de Luján
En 1630, Farías Sáa encargó una imagen de la Inmaculada Concepción. Su amigo brasileño le envió dos en una carreta. Los carreteros pasaron la noche a orillas del río Luján. Al otro día la carreta no se movía: intentaron de todas las formas posibles y hasta colocaron más bueyes, pero fue inútil. Retiraron una imagen y no se movió, la subieron y bajaron la otra, y la carreta marchó normalmente. Los hombres comprendieron que la Virgen no quería marcharse de ahí y se dirigieron a la casa más cercana, la de don Rosendo, que le construyó una pequeña capilla.