Santa María Cahabón


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Cuando sonó el despertador a las cuatro horas con cuarenta y cinco minutos, se inició un viaje que tardó 9 horas hasta llegar a Santa María Cahabón, Alta Verapaz. El viaje desde Guatemala, pasando por las bellas montañas de Purulhá y demás sitios de inconmensurable belleza de las dos Verapaces, antes Tezulutlán, país de la guerra, está asfaltado casi hasta llegar a Lankin. Aquí se inicia el camino de terracería, parte es pura roca, donde hay que pasar cuidadosamente para no dejar la mitad del aceite del carro en el camino estrecho.

Raymond J. Wennier


La “ley de la montaña” es que cuando un vehículo va subiendo la cuesta, tiene derecho de vía sobre el vehículo que va bajando. Es más seguro retroceder en subida para dar lugar de paso al otro carro o camión, que hacerlo de bajada donde se puede perder el control  e ir a parar directamente al barranco o al Río Cahabón que lo acompaña a uno durante el trayecto. Más de una vez tuvimos que hacer esa maniobra y no únicamente unos metros, un par de veces fue un buen trecho hasta poder dar el espacio que el otro vehículo necesitaba o para que nosotros pudiéramos pasar; la pericia de los pilotos que manejaron es enorme y su prudencia admirable.

El pueblo de Santa María Cahabón, de población Q´eqchi´ está perdido entre montañas con una naturaleza digna de ser admirada por turistas extranjeros y locales. En el poblado unos pocos ladinos y extranjeros se ven de vez en cuando. Un gran porcentaje de las mujeres, o no hablan o tienen mucha dificultad para expresarse en español. Según el PNUD, Alta Verapaz en general cuenta con altos índices de pobreza y especialmente Cahabón está catalogado como uno de los municipios con mayor pobreza extrema. Muchas de las personas son cautelosas para responder al saludo, especialmente las mujeres pero una vez establecida la comunicación y sabiendo quien es uno y a qué va, se establece una buena comunicación. En esta área hay mucha siembra de cardamomo y de cacao además de otras especias. Apropósito del cacao, visitamos en la “Escuela-granja Fray Domingo de Vico”, dirigida por el padre Cristóbal, la fábrica para la fermentación del cacao y la elaboración de chocolate. Tengo que admitir que las barras de chocolate son muy sabrosas; además de los productos del cacao, también producen especias, jabones y chile cahabonero con zamat.  Industrias como esta, que produce para el mercado internacional es lo que los pueblos necesitan para tener más oportunidades de salir de la pobreza.

La historia del pueblo de Santa María Cahabón, data de cientos de años atrás, de la llegada de los primeros frailes dominicos al mando de Fray Bartolomé de las Casas, Fray Domingo de Vico, Fray Pedro de Angulo; la Iglesia Católica es testigo de su edad. El Padre dominico, Terencio María Huguet Montoro, está sepultado en la iglesia donde la gente ora para pedirle favores. Es interesante que los “tuc-tuc”, esas motocicletas “vestidas”, son el medio de transporte más usado; me dijeron que hay alrededor de cien unidades y no es raro usarlo pues pareciera que Santa María Cahabón, al igual que Jerusalén y Roma, está construido sobre siete colinas.

La razón de mi viaje fue impartir un cursillo educativo a los directores y maestros de 10 escuelas de comunidades del municipio. En estas comunidades se desarrolla el programa “Aprendamos juntas” de Asociación Puente y parte de ese programa es la capacitación en servicio de los docentes de esos lugares, actividades que se coordinan con la Supervisión Técnica del lugar. Las comunidades están cercanas a la cabecera municipal y cuando digo cercana, hablo de tres o más kilómetros en caminos accesibles por moto o a pie. Los cincuenta participantes demostraron su interés en aprender más o reforzar los conceptos conocidos. Dentro del cursillo se distribuyeron libros variados para que cada director iniciara una biblioteca escolar o aumentara el número de libros en las que ya se formaron en los  últimos tres años. Después de terminada la jornada del primer día, la directora de una de las escuelas, a por lo menos tres kilómetros de distancia, no tenía otra forma de llevar los libros, que colocarse la caja llena de ellos sobre la cabeza e iniciar su caminata cuesta arriba. Desde luego, al ver su deseo de formar la biblioteca y contar con esos libros, sin importarle como acarrearlos, le dimos “jalón”. Por eso sé la distancia que hubiera tenido que caminar con la caja sobre la cabeza para llegar a su escuela.

Así fue todo el grupo, ávidos de asistir puntualmente, sin faltar y participar en todas las actividades interactivas que se realizaron en dos días, siete horas y media cada día a pesar del calor tremendo. Hizo tanto calor que la tinta de mi cincho manchó mi pantalón. El cursillo incluía trabajar parte del horario, directamente con los directores, líderes educativos de las diez escuelas sobre temas educativos propios del director en el siglo XXI. En las sesiones plenarias se abordaron temas como la lectura y la preparación de clases, incluyendo un video del doctor Howard Gardner y las inteligencias múltiples y como incorporarlas en la preparación de sus clases y las estrategias que las facilitan. Civismo y valores, violencia intrafamiliar, cuidado del ambiente y prevención de quemaduras, fueron temas también tratados. Como conclusión del curso, cada escuela identificó un problema de solución urgente y presentaron la acción inmediata, que ellos tienen que hacer para resolverlo.

Cuando hablo de iniciar apoyando a las escuelas más lejanas del país y sólo después de haberlo hecho  llegar a la capital, éste es un ejemplo del que se puede partir para hacerlo  simultáneamente en  otras escuelas lejanas en otros puntos del país. Los directores y maestros expresaron la necesidad de regionalizar tanto el CNB como el sistema de evaluación; hay que escuchar sus razones. Un ejemplo de como se puede lograr mucho con poco, es la Escuela oficial rural mixta Comunidad Saqiha´. De aulas con pisos de tierra y con paredes de varitas “construidas” y costeadas por los maestros y padres de familia en un terreno peligroso, a una escuela formal, gestionada con la ayuda conjunta de maestros,  padres de familia y autoridades municipales, se logró conseguir un terreno amplio donde se construyó la escuela actual a la que asisten más de trescientos alumnos de comunidades cercanas. Ejemplo digno de repetirse ya que además de las aulas cuentan con una biblioteca virtual, un área de juegos infantiles y campos deportivos para los más grandes. Esta meta es ejemplo de lo que se puede alcanzar trabajando en equipo. Las refacciones y los almuerzos servidos a los participantes y al equipo de capacitadores, fueron preparados por señoras que han sido capacitadas por Asociación Puente para formar sus propios negocios y ser artífices de su desarrollo. Además, esa asociación ha conseguido entre otras cosas, los equipos necesarios y su instalación para cosechar el agua de lluvia; las señoras que pertenecen al programa “Aprendamos juntas”, aportan una mínima parte para la adquisición e instalación de los tinacos.

La educación es definitivamente la base del desarrollo. La colaboración, el trabajo en equipo, que enfatiza la educación de este siglo, es vital en las grandes empresas pero también lo es en las comunidades encajonadas en las áreas rurales del país. Si se les da la oportunidad, lograrán grandes metas.